¿Quién es Jesucristo?

Contenido del estudio
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TEMAS BÍBLICOS PARA PERSONAS QUE APENAS COMIENZAN EN LA FE

 

¿Quién es Jesucristo?

Un estudio evangelístico, bíblico e histórico para conocer al Salvador

PROPÓSITO DEL ESTUDIO Conocer a Jesucristo como lo presentan las Escrituras y comprender por qué su persona, su obra, su muerte y su resurrección son el centro de la fe cristiana. Lectura clave: Juan 20:30-31

Introducción: la pregunta que define nuestra fe

Preguntar «¿Quién es Jesucristo?» no es formular una cuestión secundaria. Es acercarse al corazón mismo del evangelio. Muchas personas admiran a Jesús como maestro de moral, profeta, reformador o ejemplo de amor. La Biblia, sin embargo, presenta una afirmación mucho más grande: Jesús es el Mesías prometido, el Hijo eterno de Dios que verdaderamente se hizo hombre, murió por nuestros pecados, resucitó corporalmente y reina como Señor.

Este estudio procura explicar esas afirmaciones con claridad, reverencia y fundamento bíblico. No pretende responder cada debate académico sobre la vida de Jesús, pero sí ofrecer una visión completa y ordenada para quien comienza a conocer las Escrituras. Cuando una fecha histórica no puede determinarse con absoluta precisión, se indicará como aproximada o se presentarán las principales posibilidades.

El objetivo no es acumular información religiosa. Conocer a Cristo, en el sentido bíblico, conduce a confiar en él, seguirlo y adorarlo. La pregunta no termina en «¿qué dicen otros acerca de Jesús?», sino que alcanza personalmente a cada lector: «¿Quién dices tú que es él?» (Mateo 16:13-17).

Cómo aprovechar este estudio Lee en tu Biblia cada pasaje citado. Observa el contexto, anota tus preguntas y pide a Dios que te permita ver a Jesucristo con fe, humildad y obediencia.

1. ¿Qué significa el nombre «Jesucristo»?

Jesús: Dios salva

«Jesús» es la forma castellana de un nombre hebreo relacionado con Josué, cuyo sentido comunica que el Señor salva. Mateo conecta expresamente el nombre del niño con su misión: salvar a su pueblo de sus pecados (Mateo 1:21). El nombre no es un adorno; anuncia desde el principio que la obra de Jesús está vinculada con la salvación que Dios mismo provee.

Referencias bíblicas: Mateo 1:20-23; Lucas 1:30-33; Lucas 2:10-11; Hechos 4:10-12.

Cristo: el Mesías ungido

«Cristo» no es el apellido de Jesús. Es un título. Procede del griego Christós, equivalente al hebreo Mesías, y significa «Ungido». En el Antiguo Testamento eran ungidos reyes, sacerdotes y, en ocasiones, profetas como señal de que habían sido apartados para una misión. El Nuevo Testamento proclama que Jesús es el Ungido definitivo: Rey prometido, Sacerdote perfecto y Profeta que revela plenamente a Dios.

Referencias bíblicas: Salmo 2:1-12; Isaías 61:1-2; Daniel 9:25-26; Mateo 16:15-17; Lucas 4:16-21; Juan 1:40-42; Hechos 2:36.

2. Jesús dentro de la historia

Un judío del siglo I en una tierra bajo dominio romano

Jesús nació y vivió como judío en el mundo del judaísmo del Segundo Templo. Judea había quedado bajo control romano desde el siglo I a.C.; en la época del nacimiento de Jesús gobernaba Herodes el Grande como rey cliente de Roma, y durante la crucifixión Poncio Pilato ejercía autoridad romana en Judea.1 La vida religiosa estaba centrada en las Escrituras, la sinagoga y el templo de Jerusalén. Existían grupos como fariseos, saduceos y otros movimientos, con diferencias acerca de la Ley, la resurrección, la pureza y la relación con Roma.

Este contexto ayuda a comprender por qué las palabras «reino de Dios», «Mesías», «Hijo de David» y «salvación» despertaban esperanza, pero también podían provocar tensión política y religiosa. Muchos anhelaban liberación; no todos imaginaban al Mesías de la misma manera. Jesús anunció el reino de Dios, pero rechazó el camino de la violencia y avanzó hacia una cruz antes de la gloria visible (Marcos 1:14-15; Marcos 8:27-35; Juan 18:36-37).

Cronología orientativa

FechaAcontecimientoImportancia
63 a.C.Roma toma control de JudeaComienza un periodo decisivo de dominio romano en la región.
37-4 a.C. (fecha mayoritaria)Reinado de Herodes el GrandeGobernante respaldado por Roma; amplió grandemente el templo de Jerusalén.
Aprox. 6-4 a.C.Nacimiento de JesúsEl cálculo es aproximado. Mateo sitúa el nacimiento durante el reinado de Herodes el Grande.
26-36/37 d.C.Gobierno de Poncio PilatoPrefecto romano de Judea bajo quien Jesús fue crucificado.
Aprox. 27-30 o 30-33 d.C.Ministerio público de JesúsPredicación del reino, llamado de discípulos, señales, enseñanza y confrontaciones.
Aprox. 30 o 33 d.C.Crucifixión y resurrecciónLas dos fechas son las principales propuestas históricas; el Nuevo Testamento sitúa los hechos bajo Pilato y en torno a la Pascua judía.
Décadas de 30-60 d.C.Predicación apostólica y escritos tempranosLa muerte y resurrección de Jesús constituyen el centro del mensaje cristiano desde sus primeros testimonios.
325 d.C.Concilio de NiceaLa iglesia afirmó formalmente la plena divinidad del Hijo frente a enseñanzas que la negaban.
451 d.C.Concilio de CalcedoniaSe expresó de manera clásica que Jesucristo es una persona, verdadero Dios y verdadero hombre.

Nota sobre las fechas: Los Evangelios no fueron escritos como calendarios modernos. La fecha exacta del nacimiento y el año preciso de la crucifixión se reconstruyen comparando datos bíblicos con gobernantes, fiestas y calendarios antiguos. Por ello se emplean rangos y se evita presentar como certeza lo que continúa siendo discutido.

3. Jesús es el Mesías prometido

La esperanza que recorre las Escrituras

La historia bíblica presenta una esperanza progresiva: Dios vencería el mal, bendeciría a las naciones, levantaría un Rey de la línea de David y establecería un reino justo. El Nuevo Testamento interpreta la vida, muerte y resurrección de Jesús como el cumplimiento culminante de esa esperanza. Esto no significa que cada lector judío del siglo I entendiera las profecías de la misma manera; significa que los apóstoles, a la luz de la resurrección, reconocieron en Jesús la unidad del plan redentor de Dios.

Promesas y cumplimiento: Génesis 3:15; Génesis 12:1-3; 2 Samuel 7:12-16; Salmo 2:1-12; Salmo 110:1-4; Isaías 9:1-7; Isaías 52:13-53:12; Miqueas 5:2; Daniel 7:13-14; Lucas 24:25-27, 44-47; Hechos 3:18-26.

Un Mesías que reina por medio del sufrimiento

Pedro confesó que Jesús era el Cristo, pero inmediatamente tuvo dificultad para aceptar que el Mesías debía sufrir. Jesús corrigió esa expectativa y enseñó que su camino incluía rechazo, muerte y resurrección. La cruz no fue un accidente que frustró su misión; fue parte central de ella. El Rey prometido vence entregando su vida y resucitando.

Referencias bíblicas: Mateo 16:13-23; Marcos 8:27-35; Lucas 9:18-22; Juan 10:17-18; Hechos 2:22-36.

4. Jesús es verdaderamente Dios

El Hijo eterno que se hizo carne

El Evangelio de Juan no comienza con el nacimiento en Belén, sino antes de la creación: presenta al Verbo junto a Dios y siendo Dios, por medio de quien todo fue hecho. Después declara que ese Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. La fe cristiana, por tanto, no enseña que un hombre común llegó a convertirse en Dios; enseña que el Hijo eterno asumió verdadera humanidad sin dejar de ser quien era.

Referencias bíblicas: Juan 1:1-3, 14-18; Juan 8:56-59; Juan 17:5; Colosenses 1:15-20; Hebreos 1:1-4.

Recibe nombres, honra y obras que pertenecen a Dios

Jesús perdona pecados, ejerce autoridad sobre la naturaleza, recibe adoración, afirma una relación única con el Padre y es confesado como Señor y Dios. Sus discípulos no llegaron a esta conclusión porque ignoraran el monoteísmo judío, sino porque sus palabras, obras, muerte y resurrección los obligaron a reconocer que Dios se había revelado de manera definitiva en él.

Referencias bíblicas: Marcos 2:1-12; Marcos 4:35-41; Mateo 14:22-33; Mateo 28:16-20; Juan 5:17-23; Juan 10:27-33; Juan 20:24-29; Filipenses 2:5-11; Tito 2:11-14.

Verdad central Jesús no es una criatura elevada ni un segundo dios. El Nuevo Testamento lo presenta participando plenamente de la identidad divina, en comunión eterna con el Padre, y digno de la misma honra.

La iglesia no inventó su divinidad en el año 325

El Concilio de Nicea se reunió en 325 d.C., pero no produjo por primera vez la creencia en la divinidad de Cristo. Los escritos del Nuevo Testamento, redactados siglos antes, ya presentan a Jesús con lenguaje, autoridad y adoración divinos. Nicea formuló una respuesta doctrinal frente a una controversia interna y afirmó que el Hijo comparte plenamente la divinidad del Padre.2 Es importante distinguir entre el nacimiento de una doctrina y su formulación precisa: las fórmulas conciliares fueron posteriores, pero procuraron resumir el testimonio bíblico recibido por la iglesia.

5. Jesús es verdaderamente hombre

Una humanidad real, no aparente

Jesús fue concebido y nació, creció, aprendió, trabajó, sintió hambre, sed, cansancio, dolor y compasión. Lloró ante la tumba de Lázaro y experimentó angustia antes de la cruz. Su cuerpo sufrió y murió. La encarnación no fue una apariencia: el Hijo de Dios participó verdaderamente de nuestra condición humana, aunque sin pecado.

Referencias bíblicas: Mateo 1:18-25; Lucas 2:1-7, 40, 52; Mateo 4:1-4; Juan 4:6-7; Juan 11:32-36; Marcos 14:32-36; Juan 19:28-37; Hebreos 2:14-18; Hebreos 4:14-16.

Tentado, pero sin pecado

La Biblia afirma a la vez que Jesús fue verdaderamente tentado y que permaneció sin pecado. No tuvo que ser rescatado de culpa propia. Precisamente por su obediencia perfecta pudo ofrecerse por los pecadores. Él comprende la debilidad humana desde dentro de la experiencia real, pero no se rindió al mal.

Referencias bíblicas: Mateo 4:1-11; Juan 8:46; 2 Corintios 5:21; Hebreos 4:15; 1 Pedro 2:21-24; 1 Juan 3:5.

Una persona, dos naturalezas

La enseñanza cristiana histórica resume el testimonio bíblico diciendo que Jesucristo es una sola persona, plenamente divina y plenamente humana. No es mitad Dios y mitad hombre, ni dos personas separadas. El Concilio de Calcedonia, en 451 d.C., expresó esta convicción de manera formal para proteger tanto su verdadera divinidad como su verdadera humanidad.3 Aunque el lenguaje técnico apareció con el tiempo, la realidad que procura describir se encuentra en la Escritura: el mismo Jesús que duerme agotado calma el mar; el que llora ante una tumba llama al muerto a salir; el que muere resucita en poder.

Referencias bíblicas: Marcos 4:35-41; Juan 11:25-44; Romanos 1:1-4; Filipenses 2:5-11; 1 Timoteo 2:5-6.

6. ¿Para qué vino Jesucristo?

Revelar al Padre

Jesús da a conocer de manera perfecta el carácter, la verdad, la santidad y el amor de Dios.

Referencias bíblicas: Juan 1:18; Juan 14:6-11; Hebreos 1:1-3.

Anunciar y establecer el reino de Dios

Llamó a las personas al arrepentimiento y mostró con sus palabras y obras que el reinado de Dios había irrumpido en la historia.

Referencias bíblicas: Marcos 1:14-15; Lucas 4:16-21; Lucas 11:20.

Buscar y salvar a los perdidos

Se acercó a pecadores, marginados y quebrantados, no para aprobar el pecado, sino para llamar, perdonar y transformar.

Referencias bíblicas: Lucas 5:27-32; Lucas 15:1-32; Lucas 19:1-10.

Dar su vida en rescate

Interpretó su muerte como una entrega voluntaria en favor de otros.

Referencias bíblicas: Marcos 10:45; Juan 10:11-18; 1 Timoteo 2:5-6.

Vencer el pecado, la muerte y al maligno

Su cruz y resurrección inauguran la derrota decisiva de los poderes que esclavizan a la humanidad.

Referencias bíblicas: Colosenses 2:13-15; Hebreos 2:14-15; 1 Juan 3:8.

Formar un pueblo de discípulos

Llamó a hombres y mujeres a seguirlo, obedecer su enseñanza y llevar el evangelio a todas las naciones.

Referencias bíblicas: Mateo 4:18-22; Mateo 28:18-20; Hechos 1:8.

7. La cruz: ¿por qué murió Jesús?

El problema que la cruz enfrenta: nuestro pecado

El pecado no es solamente cometer errores. Es rebelión contra Dios, distorsión de su voluntad y ruptura de la comunión para la cual fuimos creados. Produce culpa, esclavitud y muerte. Nadie puede reconciliarse con Dios por orgullo religioso, obras suficientes o mérito personal. La cruz revela al mismo tiempo la gravedad del pecado y la profundidad del amor de Dios.

Referencias bíblicas: Génesis 3:1-24; Isaías 59:1-2; Romanos 3:9-26; Romanos 6:23; Efesios 2:1-10.

Sustitución, sacrificio y reconciliación

Jesús murió «por nuestros pecados»: tomó voluntariamente el lugar del culpable, ofreció el sacrificio perfecto y abrió el camino de reconciliación con Dios. Estas imágenes bíblicas no compiten entre sí; juntas muestran la riqueza de la obra de la cruz. Dios no es un espectador distante: en Cristo, Dios actúa para salvar, satisfaciendo su justicia y manifestando su amor.

Referencias bíblicas: Isaías 53:4-6, 10-12; Marcos 14:22-24; Romanos 3:21-26; Romanos 5:6-11; 2 Corintios 5:18-21; Gálatas 3:13; 1 Pedro 2:24; 1 Pedro 3:18.

Una entrega voluntaria y una victoria

Jesús no fue simplemente una víctima impotente. Aunque fue condenado injustamente por autoridades humanas, enseñó que entregaba su vida voluntariamente en obediencia al Padre. En la cruz cargó el pecado y desarmó a los poderes espirituales; lo que parecía derrota se convirtió en el lugar de la victoria de Dios.

Referencias bíblicas: Juan 10:17-18; Hechos 2:22-24; Filipenses 2:8; Colosenses 2:13-15; Hebreos 12:2.

8. La resurrección: el centro de la esperanza cristiana

Dios vindicó a Jesús

Los cuatro Evangelios anuncian que la tumba quedó vacía y que Jesús se apareció vivo a sus seguidores. Pablo transmite en 1 Corintios 15 una confesión que él mismo había recibido: Cristo murió por nuestros pecados, fue sepultado, resucitó y apareció a numerosos testigos. El cristianismo apostólico no se construyó alrededor del recuerdo inspirador de un maestro muerto, sino alrededor de la proclamación de un Señor resucitado.

Referencias bíblicas: Mateo 28:1-20; Marcos 16:1-8; Lucas 24:1-49; Juan 20:1-31; Hechos 2:22-36; 1 Corintios 15:1-8.

No fue solo una experiencia interior

El Nuevo Testamento describe una resurrección corporal transformada: Jesús podía ser visto, reconocido y tocado; comió con sus discípulos y mostró las heridas de la crucifixión. Al mismo tiempo, su vida resucitada ya no estaba sometida a la muerte. La resurrección inaugura la nueva creación y garantiza la futura resurrección de quienes pertenecen a Cristo.

Referencias bíblicas: Lucas 24:36-43; Juan 20:24-29; Juan 21:1-14; Romanos 6:8-10; 1 Corintios 15:12-28, 35-58; Apocalipsis 1:17-18.

Sin resurrección no hay evangelio cristiano

Pablo habla con absoluta claridad: si Cristo no resucitó, la fe es vana y el pecado conserva la última palabra. Pero si resucitó, su identidad queda vindicada, su sacrificio es eficaz, la muerte ha sido vencida y la esperanza del creyente tiene fundamento. La resurrección no es un apéndice de la fe; es parte esencial del evangelio.

Referencias bíblicas: Romanos 1:3-4; Romanos 4:23-25; 1 Corintios 15:14-20; 1 Pedro 1:3-5.

9. Títulos que revelan quién es Jesús

Ningún título aislado agota la identidad de Jesucristo. Juntos forman un retrato amplio y coherente:

TítuloQué comunicaReferencias
Hijo de DiosExpresa su relación única con el Padre, su autoridad real y, en el testimonio del Nuevo Testamento, su identidad divina.Mateo 3:16-17; Juan 5:18-23; Juan 20:31.
Hijo del HombreTítulo preferido por Jesús para sí mismo; une humildad, sufrimiento, autoridad y la figura gloriosa de Daniel 7.Daniel 7:13-14; Marcos 2:10; Marcos 8:31; Marcos 14:61-62.
Cordero de DiosPresenta a Jesús como sacrificio que quita el pecado y como vencedor digno.Juan 1:29; 1 Corintios 5:7; Apocalipsis 5:6-14.
SeñorConfiesa su autoridad suprema y lo coloca en el centro de la lealtad, adoración y obediencia del creyente.Hechos 2:36; Romanos 10:9-13; Filipenses 2:9-11.
Hijo de David y ReyLo identifica como heredero de las promesas davídicas y Rey cuyo reino no tendrá fin.2 Samuel 7:12-16; Lucas 1:31-33; Mateo 21:9; Apocalipsis 19:11-16.
Sumo SacerdoteRepresenta a su pueblo ante Dios y ofrece, de una vez para siempre, el sacrificio perfecto.Hebreos 4:14-16; Hebreos 7:23-28; Hebreos 9:11-14.
Palabra o VerboRevela que Dios se ha dado a conocer personalmente y que la creación y la vida dependen de él.Juan 1:1-18; Apocalipsis 19:13.
SalvadorDeclara que libra del pecado, reconcilia con Dios y concede vida eterna.Lucas 2:11; Juan 4:42; Tito 2:13-14; 1 Juan 4:14.

10. ¿Qué hace Jesucristo ahora?

Reina a la diestra del Padre

Después de resucitar, Jesús ascendió y fue exaltado. La expresión «a la diestra de Dios» comunica autoridad, honor y gobierno. El Cristo resucitado no está ausente en el sentido de ser indiferente; reina y dirige la misión de su iglesia.

Referencias bíblicas: Salmo 110:1; Mateo 28:18; Hechos 1:6-11; Hechos 2:32-36; Efesios 1:19-23.

Intercede por los creyentes

Jesús es el mediador y sumo sacerdote vivo. Su intercesión no significa que el Padre sea reacio a amar, sino que la obra del Hijo asegura continuamente el acceso del creyente a Dios. Podemos acercarnos con confianza porque nuestro Salvador conoce nuestra debilidad y su sacrificio es suficiente.

Referencias bíblicas: Romanos 8:31-34; 1 Timoteo 2:5; Hebreos 4:14-16; Hebreos 7:25; 1 Juan 2:1-2.

Volverá para consumar su reino

La fe cristiana espera el regreso visible de Jesucristo. Él juzgará con justicia, destruirá definitivamente el mal, resucitará a los muertos y renovará todas las cosas. La esperanza del creyente no consiste en escapar para siempre de la creación, sino en participar de la nueva creación bajo el reinado de Cristo.

Referencias bíblicas: Mateo 24:29-31; Juan 5:25-29; Hechos 1:9-11; 1 Tesalonicenses 4:13-18; 2 Pedro 3:10-13; Apocalipsis 21:1-5.

11. ¿Qué significa conocer a Jesucristo?

Creer en él, no solo saber datos sobre él

La fe bíblica incluye conocimiento, pero no se limita a información. Creer en Jesús es confiar personalmente en quien él es y en lo que hizo, descansar en su gracia y recibirlo como Salvador y Señor. La salvación no se compra ni se merece; se recibe por gracia mediante la fe, y esa fe produce una vida nueva.

Referencias bíblicas: Juan 1:12-13; Juan 3:14-18; Juan 6:35-40; Hechos 16:30-31; Romanos 10:9-13; Efesios 2:8-10.

Arrepentirse y seguirlo

Jesús llama a volvernos de nuestra autosuficiencia, pecado e idolatría para aprender de él. El arrepentimiento no es comprar el perdón mediante tristeza; es el cambio de mente y dirección que acompaña a la fe. Seguir a Cristo implica obediencia, amor, pertenencia a su pueblo y disposición a tomar la cruz.

Referencias bíblicas: Marcos 1:14-15; Marcos 8:34-38; Lucas 14:25-33; Juan 13:34-35; Juan 14:15; Hechos 2:37-42.

Adorarlo con toda la vida

Si Jesús es verdaderamente Señor, no puede ocupar un rincón de la vida. Tiene autoridad sobre nuestras prioridades, relaciones, palabras, trabajo, dinero, sexualidad, decisiones y esperanza. La obediencia cristiana no es el intento de ganar su amor, sino la respuesta agradecida de quienes han sido amados y rescatados.

Referencias bíblicas: Lucas 6:46-49; Romanos 12:1-2; 1 Corintios 6:19-20; 2 Corintios 5:14-15; Colosenses 3:1-17.

12. Preguntas frecuentes de quien comienza en la fe

¿Jesús fue solamente un gran maestro o profeta?

La Biblia ciertamente lo presenta como maestro y profeta, pero no permite reducirlo a esas categorías. Jesús afirmó una autoridad singular, perdonó pecados, se identificó con el cumplimiento de las Escrituras, recibió adoración y fue confesado como Señor y Dios. Rechazar su identidad mayor obliga a explicar por qué sus primeros discípulos, judíos monoteístas, lo colocaron en el centro de su fe y adoración.

Referencias bíblicas: Mateo 7:28-29; Marcos 2:5-12; Juan 5:17-23; Juan 20:28-31; Filipenses 2:5-11.

Si Dios es uno, ¿cómo puede Jesús ser Dios?

La doctrina cristiana no enseña tres dioses. Enseña que hay un solo Dios y que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son personalmente distintos y comparten plenamente la única naturaleza divina. Este estudio se concentra en Cristo; una explicación completa de la Trinidad requiere un tema propio. Sin embargo, la fórmula bautismal y la bendición apostólica ya muestran la unidad y distinción del Padre, del Hijo y del Espíritu.

Referencias bíblicas: Deuteronomio 6:4; Mateo 3:16-17; Mateo 28:19; Juan 1:1-2; 2 Corintios 13:14.

¿Por qué era necesaria la encarnación?

Para salvar verdaderamente a seres humanos, el Hijo asumió nuestra humanidad. Como hombre obedeció donde nosotros fallamos, representó a su pueblo y pudo sufrir y morir. Como Dios, su persona y obra poseen valor y eficacia que ninguna criatura podría alcanzar. En él, Dios mismo se acerca para rescatarnos.

Referencias bíblicas: Romanos 5:12-19; Gálatas 4:4-5; Hebreos 2:14-18; Hebreos 10:5-10.

¿Puedo admirar a Jesús sin rendirle mi vida?

Es posible admirar algunos aspectos de Jesús y mantener el control personal, pero esa no es la respuesta que él pidió. Llamó a creer, arrepentirse, seguirlo y reconocerlo como Señor. La gracia no destruye la obediencia; la hace posible. Cristo no busca admiradores a distancia, sino discípulos reconciliados con Dios.

Referencias bíblicas: Lucas 6:46; Lucas 9:23-26; Juan 8:31-32; Juan 14:21; Romanos 10:9.

Conclusión reflexiva: encontrarnos con el Cristo vivo

Jesucristo no cabe en una definición pequeña. Es el Hijo eterno que se hizo verdaderamente humano; el Mesías prometido que sirvió en humildad; el Santo que recibió a pecadores; el Cordero que cargó nuestra culpa; el Señor que venció la muerte; el Sumo Sacerdote que intercede; y el Rey que volverá. Todo el evangelio depende de su identidad. Si fuera solamente hombre, no podría salvar de manera definitiva. Si no hubiera asumido nuestra humanidad, no podría representarnos. Si no hubiera muerto, la culpa permanecería. Si no hubiera resucitado, la muerte conservaría la última palabra.

Pero el anuncio cristiano es que Dios ha actuado en Jesucristo. La puerta de la reconciliación está abierta. El cansado puede encontrar descanso, el culpable puede recibir perdón, el quebrantado puede comenzar una vida nueva y el que teme a la muerte puede abrazar una esperanza que no depende de sus fuerzas. Jesús no invita a fingir que estamos bien; invita a venir a él tal como estamos, para no permanecer como estamos.

La pregunta final es profundamente personal: ¿quién es Jesús para ti? No respondas únicamente con una frase aprendida. Examina las Escrituras, contempla su carácter, reconoce tu necesidad y confía en él. La fe cristiana comienza y continúa mirando a Jesucristo.

Oración sugerida Señor Jesús, ayúdame a conocerte como realmente eres. Reconozco mi pecado y mi necesidad de tu gracia. Gracias por tu muerte y resurrección. Enséñame a confiar en ti, obedecerte y seguirte cada día. Amén.

Preguntas para estudio personal o en grupo

  1. ¿Qué afirmación acerca de Jesucristo fue más nueva o significativa para ti?
  2. ¿Qué pasajes muestran con mayor claridad la humanidad de Jesús? ¿Cuáles muestran su divinidad?
  3. ¿Por qué la cruz y la resurrección son inseparables en el evangelio?
  4. ¿Qué diferencia existe entre admirar a Jesús y confiar en él como Señor?
  5. ¿Hay algún área de tu vida que todavía no has rendido a la autoridad de Cristo?
  6. ¿Qué paso concreto de fe, obediencia o búsqueda bíblica debes dar después de este estudio?

Resumen doctrinal en una sola mirada

PersonaJesucristo es una sola persona: el Hijo eterno de Dios encarnado.
NaturalezasEs plenamente Dios y plenamente hombre, sin confusión ni división.
MisiónVino a revelar al Padre, anunciar el reino y salvar a los pecadores.
CruzMurió voluntariamente por nuestros pecados para reconciliarnos con Dios.
ResurrecciónResucitó corporalmente, venció la muerte y garantiza la esperanza futura.
RespuestaEl evangelio llama a arrepentirse, creer, seguir, obedecer y adorar a Cristo.

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