TEMAS BÍBLICOS PARA PERSONAS QUE APENAS COMIENZAN EN LA FE
¿Quién es Dios?
Un estudio bíblico evangelístico para conocer el carácter,
la revelación y la obra del Dios de las Escrituras
Material de formación cristiana
Preparado para creyentes y estudiantes de la Biblia que inician su caminar en la fe
Propósito del estudio
La pregunta «¿Quién es Dios?» no es una curiosidad secundaria. De la respuesta dependen nuestra manera de entender la vida, el pecado, la salvación, el sufrimiento, la esperanza y el propósito humano. Este estudio busca presentar, con lenguaje claro y fidelidad bíblica, cómo Dios se ha dado a conocer y qué significa comenzar una relación con Él.
No intentaremos encerrar a Dios en una definición humana. La Biblia enseña que Dios es infinito y que nuestra comprensión es limitada; sin embargo, también afirma que Él ha hablado y se ha revelado de manera suficiente para que podamos conocerlo verdaderamente, aunque nunca de forma exhaustiva (Deuteronomio 29:29; Job 11:7-9; Romanos 11:33-36).
| IDEA CENTRAL Dios es el único Creador eterno, santo, justo y amoroso. Se ha revelado en la creación, en las Escrituras y de manera suprema en Jesucristo, llamándonos a conocerlo, confiar en Él y vivir para su gloria. |
Cómo usar este material
- Lea cada sección con una Biblia abierta y examine personalmente las referencias.
- Ore pidiendo humildad, entendimiento y disposición para obedecer lo aprendido (Salmo 119:18; Santiago 1:5).
- No se apresure. El objetivo no es acumular datos acerca de Dios, sino aprender a conocerlo y responder a Él con fe.
1. Dios se da a conocer
La Biblia comienza con Dios, no con una explicación de Dios
Las primeras palabras de la Escritura declaran: «En el principio creó Dios los cielos y la tierra» (Génesis 1:1). El texto no presenta a Dios como parte del universo, ni como una fuerza que surgió dentro de él. Dios existe antes de todo lo creado y es la causa de que exista cuanto existe. Esta afirmación establece una diferencia fundamental entre la fe bíblica y las religiones antiguas que vinculaban a sus dioses con fuerzas de la naturaleza, territorios o genealogías divinas.
En el mundo del antiguo Cercano Oriente, Israel convivió con pueblos que adoraban múltiples deidades. En ese ambiente, la Biblia proclamó que el sol, la luna, el mar y las estrellas no eran dioses, sino obras del único Creador (Génesis 1:14-18; Deuteronomio 4:19; Salmo 96:4-5). Esta confesión no era solo filosófica: exigía que Israel alabara y obedeciera únicamente al Señor.
Revelación general: Dios deja huellas de su poder
La creación comunica que existe un Creador poderoso, sabio y digno de honra. El orden, la grandeza y la dependencia de la vida señalan más allá de sí mismos (Salmo 19:1-6; Romanos 1:19-20). A esto se le suele llamar revelación general, porque está disponible para toda la humanidad.
Sin embargo, la creación por sí sola no explica con plenitud el carácter de Dios ni el camino de salvación. Puede despertar asombro y responsabilidad, pero necesitamos que Dios hable de forma más específica. Por eso la revelación bíblica no termina en la naturaleza.
Revelación especial: Dios habla y actúa en la historia
Dios se reveló mediante palabras, pactos, actos de juicio y actos de rescate. Llamó a Abraham, liberó a Israel de Egipto, habló por medio de Moisés y los profetas, y preservó el testimonio escrito de esas obras (Génesis 12:1-3; Éxodo 3:1-15; Deuteronomio 6:20-25; Hebreos 1:1-2). A esta comunicación concreta se le llama revelación especial.
La Biblia no es una colección desordenada de opiniones religiosas. Presenta una historia unificada: Dios crea, la humanidad se rebela, Dios promete redención, forma un pueblo y finalmente cumple su propósito salvador en Jesucristo. Las Escrituras conducen al lector a reconocer quién es Dios, qué ha hecho y cómo debemos responderle (Lucas 24:25-27, 44-47; 2 Timoteo 3:14-17).
2. El nombre de Dios y su carácter personal
«Yo soy»: el Dios que existe por sí mismo
Cuando Moisés preguntó qué nombre debía anunciar a Israel, Dios respondió: «YO SOY EL QUE SOY» y se identificó con el nombre representado por las consonantes hebreas YHWH (Éxodo 3:13-15). La pronunciación antigua exacta no puede establecerse con absoluta certeza; en muchas Biblias españolas el nombre aparece como «Jehová» o se representa mediante «SEÑOR» en mayúsculas.
El pasaje comunica que Dios no depende de otro ser para existir. Él es el Dios vivo, fiel a sus promesas y presente con su pueblo. No es una energía impersonal: oye el clamor, conoce el sufrimiento, llama por nombre y actúa para liberar (Éxodo 2:23-25; 3:7-12).
Dios es uno
La confesión central de Israel declara: «Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es» (Deuteronomio 6:4). Esta declaración, conocida tradicionalmente como el Shemá, se convirtió en una afirmación fundamental de la identidad y adoración de Israel. Enseña que solo el Señor es Dios y que debe ser amado con todo el ser (Deuteronomio 6:4-9; Isaías 43:10-11; 44:6-8).
El monoteísmo bíblico no significa simplemente que Israel escogió un dios entre muchos. La Escritura afirma que los ídolos son obra humana y que el Señor es el único Creador y Soberano verdadero (Isaías 40:18-26; Jeremías 10:1-16; 1 Corintios 8:4-6).
3. ¿Cómo es Dios?
Dios es espíritu, eterno e incomparable
Jesús enseñó que «Dios es Espíritu» (Juan 4:24). Esto significa que Dios no está limitado por un cuerpo material ni confinado a un lugar. Él trasciende la creación, pero también está presente y activo en ella (1 Reyes 8:27; Salmo 139:1-12; Jeremías 23:23-24).
Dios es eterno: no comenzó a existir y no dejará de existir. Antes de que fueran formados los montes, Él ya era Dios (Salmo 90:1-2). Es inmutable en su carácter y fidelidad; sus propósitos no fluctúan como los deseos humanos (Malaquías 3:6; Santiago 1:17). La inmutabilidad no significa inactividad o frialdad, sino que Dios permanece perfectamente fiel a quien es.
Dios es Creador y Sustentador
Todo lo creado depende de Dios. Él no solo dio origen al universo, sino que lo sostiene continuamente (Nehemías 9:6; Salmo 104:24-30; Hechos 17:24-28; Colosenses 1:16-17). La vida, el aliento, la capacidad de pensar, trabajar, amar y adorar son dones recibidos, no posesiones autónomas.
Esta verdad da dignidad a la creación y humildad al ser humano. No somos accidentes sin propósito, pero tampoco somos dueños absolutos de nuestra existencia. Fuimos creados por Dios y para Dios (Isaías 43:7; Apocalipsis 4:11).
Dios es santo y justo
La santidad de Dios expresa su pureza moral, su perfección y su absoluta distinción de todo mal. En la visión de Isaías, los serafines proclaman tres veces que Dios es santo (Isaías 6:1-5). La reacción del profeta no fue orgullo religioso, sino conciencia de su pecado.
Dios también es justo: ama lo recto y juzga el mal sin parcialidad (Deuteronomio 32:3-4; Salmo 89:14; Romanos 2:5-11). Su juicio no es un arranque caprichoso, sino la respuesta santa del Creador frente a aquello que destruye su buena creación. Un dios indiferente ante la violencia, la mentira y la opresión no sería moralmente bueno.
Dios es amor, misericordioso y fiel
La Biblia no presenta el amor como una debilidad sentimental, sino como una perfección del carácter de Dios. «Dios es amor» (1 Juan 4:8), y su amor se manifiesta en acciones concretas: crea, sostiene, tiene paciencia, perdona y entrega a su Hijo para salvar pecadores (Éxodo 34:6-7; Juan 3:16-17; Romanos 5:6-8).
Éxodo 34:6-7 une misericordia y justicia. Dios es compasivo, paciente y abundante en fidelidad, pero no llama bueno a lo malo. Su amor no cancela su santidad; su santidad no elimina su compasión. En la cruz de Cristo ambas realidades se encuentran de manera decisiva (Romanos 3:21-26).
Dios es soberano y cercano
Dios gobierna sobre las naciones, los tiempos y la historia (Salmo 103:19; Daniel 4:34-35; Hechos 17:26). Sin embargo, su grandeza no lo vuelve distante. Atiende al humilde, escucha la oración y está cerca de quienes lo invocan con sinceridad (Salmo 34:18; 145:18; Isaías 57:15).
La soberanía divina no convierte a las personas en objetos sin responsabilidad. La Biblia afirma, a la vez, que Dios cumple sus propósitos y que los seres humanos responden moralmente por sus decisiones (Génesis 50:20; Hechos 2:22-24; 4:27-28). El misterio permanece, pero la Escritura no permite negar ninguno de los dos aspectos.
4. Un solo Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo
La enseñanza bíblica de la Trinidad
La palabra «Trinidad» no aparece como término técnico en la Biblia, pero resume una enseñanza que surge del conjunto de las Escrituras: existe un solo Dios; el Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu Santo es Dios; y el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se distinguen personalmente entre sí.
El bautismo de Jesús muestra al Hijo en el agua, al Espíritu descendiendo y al Padre hablando desde el cielo (Mateo 3:13-17). Jesús ordenó bautizar «en el nombre» —singular— del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (Mateo 28:19). Pablo reúne a los tres en una bendición apostólica (2 Corintios 13:14).
El Hijo y el Espíritu comparten la identidad divina
El Evangelio de Juan enseña que el Verbo estaba con Dios y era Dios, y que ese Verbo se hizo carne en Jesucristo (Juan 1:1-3, 14). Tomás confesó a Jesús como «Señor mío, y Dios mío» (Juan 20:28). Asimismo, Pedro relacionó mentir al Espíritu Santo con mentir a Dios (Hechos 5:3-4).
La doctrina cristiana histórica no enseña tres dioses ni que Dios use tres máscaras. Enseña un solo Ser divino que existe eternamente en tres Personas. No podemos comprender completamente este misterio, pero podemos expresarlo con cuidado, evitando contradicciones que la propia Biblia rechaza.
Por qué importa para quien comienza en la fe
La Trinidad no es una discusión abstracta. El Padre planea y envía; el Hijo se encarna, muere y resucita; el Espíritu aplica la obra de Cristo, da nueva vida y habita en el creyente (Efesios 1:3-14; Tito 3:4-7). La salvación cristiana es obra del único Dios trino.
| UNA ACLARACIÓN ÚTIL No se espera que el nuevo creyente explique el misterio de la Trinidad con perfección. Sí debe aprender a confesar lo que la Escritura afirma: un solo Dios, eternamente Padre, Hijo y Espíritu Santo. |
5. Dios se revela a lo largo de la historia bíblica
La fe bíblica está vinculada a acontecimientos, personas, reinos y lugares reales. Las fechas antiguas requieren prudencia: algunas se conocen con considerable precisión y otras siguen siendo debatidas. La siguiente cronología ofrece un marco orientador, no una reconstrucción exhaustiva.
| Fecha aproximada | Momento histórico | Importancia para conocer a Dios |
| c. 2000–1800 a.C. | Período patriarcal asociado con Abraham, Isaac y Jacob | Dios llama a Abraham y promete bendecir por medio de su descendencia a todas las familias de la tierra (Génesis 12:1-3). |
| Siglo XV o XIII a.C. | Éxodo y ministerio de Moisés; la fecha exacta es debatida | Dios se revela como el Señor que oye, libera, hace pacto y da su ley (Éxodo 3:7-15; 19:1-6; 20:1-17). |
| c. 1010–970 a.C. | Reinado de David | Dios establece la promesa de una dinastía y un reino duradero, expectativa que el Nuevo Testamento relaciona con Cristo (2 Samuel 7:8-16; Lucas 1:31-33). |
| 722/721 a.C. | Caída de Samaria ante Asiria | El juicio sobre el reino del norte muestra la seriedad de la idolatría y la infidelidad al pacto (2 Reyes 17:5-23). |
| 586 a.C. | Destrucción de Jerusalén y exilio babilónico | El juicio no anula la fidelidad de Dios; los profetas anuncian restauración, nuevo pacto y esperanza (2 Reyes 25; Jeremías 31:31-34; Ezequiel 36:24-28). |
| 539/538 a.C. | Caída de Babilonia y decreto persa de retorno | El regreso confirma que Dios gobierna sobre reyes y naciones y cumple su palabra (Esdras 1:1-4; Isaías 44:24–45:7). |
| c. 6–4 a.C. | Nacimiento de Jesús; la fecha exacta es incierta | El Hijo eterno entra en la historia humana; Dios cumple sus promesas mesiánicas (Mateo 1:18-25; Lucas 2:1-20; Gálatas 4:4-5). |
| c. 27–30/33 d.C. | Ministerio, crucifixión y resurrección de Jesús; el año preciso se debate | Dios se revela de manera suprema en Cristo y realiza la obra central de redención (Marcos 1:14-15; 1 Corintios 15:1-8). |
| c. 30/33 d.C. | Pentecostés y nacimiento público de la iglesia | El Espíritu Santo capacita a los discípulos y extiende el testimonio de Cristo a las naciones (Hechos 2:1-41). |
Nota histórica: las fechas de los patriarcas, el éxodo, el nacimiento de Jesús y el año exacto de la crucifixión se expresan como aproximaciones porque las fuentes y los sistemas cronológicos permiten más de una reconstrucción. En cambio, acontecimientos como la caída de Samaria, la destrucción de Jerusalén y la conquista persa de Babilonia cuentan con una datación histórica más firme.
6. Dios y el ser humano
Creados a imagen de Dios
Génesis enseña que el ser humano fue creado a imagen y semejanza de Dios, varón y mujer (Génesis 1:26-28). Esto no significa que Dios tenga forma humana, sino que las personas reciben una dignidad especial y una vocación: representar el gobierno justo de Dios, cultivar la creación y vivir en relación con Él y con el prójimo.
Por esta razón, toda vida humana posee valor. La dignidad no depende de riqueza, capacidad, origen, edad o utilidad social. Santiago aplica esta verdad al trato que damos a los demás: no debemos bendecir a Dios y, al mismo tiempo, maldecir a personas hechas a su semejanza (Santiago 3:9-10).
El pecado rompe la comunión, pero no destruye el propósito de Dios
Génesis 3 describe la rebelión humana como desconfianza y desobediencia. El pecado no es solamente cometer errores; es rechazar el gobierno bueno de Dios y pretender vivir autónomamente. Sus consecuencias alcanzan la relación con Dios, con uno mismo, con los demás y con la creación (Génesis 3:6-24; Romanos 3:23; 6:23).
Aun en medio del juicio, Dios toma la iniciativa. Busca al ser humano, cubre su vergüenza y anuncia que el mal no tendrá la última palabra (Génesis 3:9, 15, 21). Desde allí, la historia bíblica avanza hacia la promesa de redención.
Un Dios de pacto
En la Biblia, un pacto es una relación formal establecida por Dios, acompañada de promesas y responsabilidades. Dios hace pacto con Noé, llama a Abraham, forma a Israel y promete a David un reino duradero (Génesis 9:8-17; 12:1-3; Éxodo 19:3-6; 2 Samuel 7:12-16).
Los profetas anunciaron un nuevo pacto en el que Dios perdonaría el pecado, escribiría su ley en el corazón y daría su Espíritu (Jeremías 31:31-34; Ezequiel 36:25-27). Jesús identificó su muerte con el establecimiento de ese nuevo pacto (Lucas 22:19-20; 1 Corintios 11:25).
7. Jesucristo: la revelación suprema de Dios
Ver a Cristo es conocer el carácter del Padre
El Nuevo Testamento afirma que Dios habló de manera definitiva por medio de su Hijo, quien es «el resplandor de su gloria» y la expresión exacta de su ser (Hebreos 1:1-3). Jesús dijo: «El que me ha visto a mí, ha visto al Padre» (Juan 14:9). Esto no significa que Jesús sea el Padre, sino que el Hijo revela perfectamente al Padre.
En Jesús vemos la compasión de Dios por el enfermo, el pobre y el rechazado; su autoridad sobre el pecado, la enfermedad, la naturaleza y la muerte; su rechazo a la hipocresía; y su disposición a recibir al arrepentido (Marcos 1:40-42; 2:5-12; 4:35-41; Lucas 7:36-50; Juan 11:17-44).
La cruz revela justicia y amor
En la cruz, Dios no ignora el pecado. Cristo muere por nuestros pecados, carga la condenación y abre el camino de reconciliación (Isaías 53:4-6; Marcos 10:45; Romanos 3:23-26; 1 Pedro 2:24). La salvación no consiste en que el ser humano mejore lo suficiente para alcanzar a Dios, sino en que Dios actúa en gracia para rescatar al culpable.
La resurrección declara que Jesús es Señor, que su sacrificio fue victorioso y que la muerte no tendrá la última palabra (Hechos 2:22-36; Romanos 1:3-4; 1 Corintios 15:17-22). Por eso, conocer a Dios no puede separarse de recibir a Jesucristo por fe (Juan 14:6; 17:3; 1 Juan 5:11-12).
8. ¿Cómo debe responder una persona a Dios?
Arrepentimiento y fe
Jesús anunció: «Arrepentíos, y creed en el evangelio» (Marcos 1:15). Arrepentirse implica reconocer el pecado, cambiar de dirección y volver a Dios. Creer significa confiar en Jesucristo, no solo aceptar datos acerca de Él. La fe descansa en quién es Cristo y en lo que hizo mediante su muerte y resurrección (Hechos 20:21; Romanos 10:9-13; Efesios 2:8-10).
La respuesta cristiana comienza por la gracia de Dios. Nadie puede presentarse ante Él presumiendo méritos. El pecador viene con manos vacías, confiesa su necesidad y recibe el perdón que Dios ofrece en Cristo (Lucas 18:9-14; 1 Juan 1:8-9).
Adoración, obediencia y confianza
Conocer a Dios transforma la vida. La adoración no se limita a cantar; incluye ofrecer toda la existencia a Dios, aprender su voluntad y obedecerla (Romanos 12:1-2). Jesús relacionó el amor con la obediencia, no como medio para comprar el favor divino, sino como fruto de una relación verdadera (Juan 14:15, 21).
La confianza en Dios crece al recordar su carácter. Cuando el creyente no comprende una circunstancia, puede apoyarse en la sabiduría, bondad y fidelidad de Dios (Proverbios 3:5-6; Romanos 8:28-39; 1 Pedro 5:6-7).
Palabra, oración y comunidad
Dios ha dispuesto medios ordinarios para formar a sus hijos. Por medio de las Escrituras conocemos su verdad; mediante la oración respondemos con adoración, confesión, gratitud y petición; en la iglesia aprendemos, servimos, recibimos corrección y perseveramos junto a otros creyentes (Hechos 2:42-47; Colosenses 3:16; Hebreos 10:24-25).
| PRIMER PASO PRÁCTICO Comience leyendo diariamente uno de los Evangelios —por ejemplo, Marcos o Juan— y pregunte en cada pasaje: ¿qué revela esto acerca de Dios?, ¿qué revela acerca del ser humano?, ¿qué respuesta de fe y obediencia demanda? |
9. Preguntas que suelen surgir al comenzar
¿Puede el ser humano ver a Dios?
Dios, en su esencia, es invisible y no puede ser reducido a una imagen (Éxodo 33:18-23; Juan 1:18; 1 Timoteo 6:15-16). Sin embargo, se ha dado a conocer verdaderamente en sus obras, su Palabra y, de manera suprema, en el Hijo encarnado. La esperanza cristiana incluye ver a Cristo y vivir en la presencia de Dios en la nueva creación (1 Juan 3:2; Apocalipsis 21:1-4; 22:3-5).
¿Por qué algunos relatos bíblicos presentan juicios severos?
Los textos de juicio deben leerse dentro de su contexto histórico, literario y teológico. La Biblia presenta a Dios como paciente, pero también como Juez frente a la violencia, la idolatría y la corrupción persistentes (Génesis 15:16; Deuteronomio 9:4-6; 2 Reyes 17:7-23). No todos los actos narrados son aprobados por Dios, y no toda orden dada a Israel se aplica directamente a la iglesia.
El lector debe evitar dos extremos: suavizar la justicia divina hasta volverla irrelevante o usar relatos antiguos para justificar violencia religiosa actual. Jesús enseñó a sus discípulos a amar a sus enemigos, renunciar a la venganza personal y anunciar el evangelio a todas las naciones (Mateo 5:43-48; 26:52; 28:18-20; Romanos 12:17-21).
Si Dios es bueno, ¿por qué permite el sufrimiento?
La Biblia no ofrece una sola explicación para todo sufrimiento. Algunos dolores son consecuencia directa de decisiones pecaminosas; otros están relacionados con vivir en un mundo caído; otros permanecen misteriosos para quien los padece (Génesis 3:16-19; Job 1–2; Juan 9:1-3). Por eso no es correcto culpar automáticamente al que sufre.
La respuesta bíblica culmina en Cristo: Dios no observa el dolor desde lejos, sino que entra en nuestra condición, sufre injustamente, vence la muerte y promete una creación sin llanto ni muerte (Isaías 53:3-5; Hebreos 4:14-16; Apocalipsis 21:3-5). La fe no siempre recibe una explicación inmediata, pero recibe la presencia, la promesa y la esperanza de Dios.
¿Ama Dios personalmente a una persona pecadora?
Sí. La cruz demuestra que Dios amó a pecadores que no podían salvarse a sí mismos (Romanos 5:6-8). Ese amor no significa aprobación de todo comportamiento; es un amor que llama al arrepentimiento, perdona y transforma. Quien viene a Cristo no es rechazado (Juan 6:37; Tito 2:11-14).
¿Podemos comprender completamente a Dios?
No podemos abarcar al Dios infinito con una mente finita (Isaías 40:28; Romanos 11:33-36). Pero incomprensibilidad no significa incognoscibilidad. Podemos conocer verdaderamente lo que Dios ha revelado, del mismo modo que una persona puede ser conocida realmente sin ser conocida exhaustivamente. La humildad cristiana no abandona el estudio; lo realiza con reverencia.
10. Para reflexionar y estudiar
1. ¿Qué ideas acerca de Dios tenía antes de leer este estudio? ¿Cuáles necesitan ser corregidas por las Escrituras?
2. ¿Qué atributo de Dios —santidad, amor, justicia, soberanía, fidelidad o cercanía— necesita recordar en su situación actual?
3. Lea Éxodo 34:5-8. ¿Cómo se relacionan la misericordia, la paciencia, la fidelidad y la justicia en el carácter de Dios?
4. Lea Juan 1:1-18. ¿Qué enseña el pasaje acerca de la identidad de Jesucristo y de su papel al revelar a Dios?
5. ¿Existe un área de su vida en la que necesita arrepentirse, confiar o comenzar a obedecer a Dios?
Una oración orientativa
Señor Dios, reconozco que tú eres el Creador y que yo dependo de ti. Perdona las ideas falsas que he formado acerca de ti y el pecado con el que he rechazado tu voluntad. Gracias porque te has dado a conocer en Jesucristo. Abre mi entendimiento, enséñame a confiar en tu gracia y forma en mí una vida de adoración, obediencia y amor. Amén.
Conclusión reflexiva
Conocer a Dios es el centro de la vida cristiana. No se trata solamente de aprender una lista de atributos, sino de encontrarse con el Dios vivo que crea, habla, juzga con justicia, muestra misericordia y salva. Él es infinitamente mayor que nuestra comprensión, pero no se ha escondido de manera absoluta: ha dejado testimonio en la creación, ha hablado en las Escrituras y ha mostrado su rostro moral y salvador en Jesucristo.
Para quien comienza en la fe, esta verdad trae reverencia y consuelo. Reverencia, porque Dios no puede ser moldeado a nuestra conveniencia. Consuelo, porque el Dios santo también es compasivo, fiel y cercano al que se vuelve a Él. La pregunta «¿Quién es Dios?» encuentra su respuesta más clara cuando miramos a Cristo, escuchamos su Palabra y comenzamos a caminar en obediencia.
El propósito final de este estudio no es que el lector termine diciendo solamente «sé más acerca de Dios», sino que pueda decir con humildad: «quiero conocerlo, confiar en Él y vivir para su gloria» (Jeremías 9:23-24; Juan 17:3; Filipenses 3:8-10).
Referencias bíblicas principales
Génesis 1–3; 12:1-3. Éxodo 3:1-15; 34:5-8. Deuteronomio 6:4-9; 29:29. Salmos 19; 90; 103; 139; 145. Isaías 6:1-8; 40:12-31; 43:10-11. Jeremías 31:31-34. Ezequiel 36:24-28. Mateo 3:13-17; 28:18-20. Juan 1:1-18; 3:16-17; 14:6-11; 17:3. Hechos 2:22-41; 17:22-31. Romanos 1:18-25; 3:21-26; 5:6-11; 8:28-39; 11:33-36. 1 Corintios 8:4-6; 15:1-22. 2 Corintios 13:14. Efesios 1:3-14; 2:8-10. Colosenses 1:15-20. Hebreos 1:1-3; 4:14-16. 1 Pedro 2:21-25. 1 Juan 4:7-10. Apocalipsis 21:1-5; 22:1-5.
Fuentes de consulta para contexto histórico y teológico
- Alexander, T. Desmond. Del Edén a la Nueva Jerusalén. Una visión bíblica de toda la historia de la redención.
- Carson, D. A., y Douglas J. Moo. Una introducción al Nuevo Testamento. Referencia para contexto, autoría y cronología del período neotestamentario.
- Keener, Craig S. Comentario del contexto cultural de la Biblia: Nuevo Testamento. Referencia para prácticas y trasfondo del mundo grecorromano y judío.
- Kitchen, K. A. On the Reliability of the Old Testament. Consulta especializada sobre el trasfondo histórico del Antiguo Testamento y debates cronológicos.
- Walton, John H. Ancient Near Eastern Thought and the Old Testament. Referencia para el ambiente religioso y cultural del antiguo Cercano Oriente.
- Waltke, Bruce K., y Charles Yu. Teología del Antiguo Testamento. Referencia para los temas de creación, pacto, santidad y reino.
- La Santa Biblia. Las referencias de este estudio pueden consultarse en una traducción española fiel y reconocida. Las citas breves siguen la formulación tradicional de Reina-Valera 1960.
| NOTA FINAL Este material presenta una introducción responsable y pastoral. No sustituye la lectura directa de la Biblia ni el acompañamiento de una iglesia local fiel a las Escrituras. |


