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Un estudio bíblico evangelístico sobre la fe que recibe a Cristo,
confía en su obra y aprende a seguirle
Propósito del estudio
Una de las frases más conocidas del cristianismo es «cree en Jesús». Puede sonar sencilla, pero encierra una pregunta decisiva: ¿qué significa realmente creer? ¿Basta con aceptar que Jesús existió? ¿Es suficiente estar de acuerdo con ciertas enseñanzas acerca de Él? ¿O la fe bíblica es algo más profundo que admitir hechos religiosos?
El Nuevo Testamento presenta la fe en Jesucristo como la respuesta confiada al evangelio: reconocer quién es Jesús, descansar en lo que Él hizo por nosotros, volvernos a Dios y comenzar una vida de seguimiento. La fe no compra el favor de Dios ni convierte nuestras obras en mérito; recibe con manos vacías lo que Dios ofrece por gracia en Cristo.
| IDEA CENTRAL Creer en Jesús no es solamente aceptar información acerca de Él. Es confiar personalmente en Jesucristo como el Hijo de Dios, el Señor y Salvador, descansar en su muerte y resurrección, y responder a su llamado con arrepentimiento, confesión y una vida que aprende a seguirle. |
Cómo usar este material
- Lea los pasajes indicados en su propio contexto, especialmente Juan 3:14-21; Juan 20:30-31; Marcos 1:14-15; Romanos 3:21-28; Romanos 10:8-13; Efesios 2:1-10 y 1 Juan 5:9-13.
- No intente medir la fe solamente por la intensidad de una emoción. Pregunte cuál es el objeto de su confianza: usted mismo, sus obras, su experiencia religiosa o Jesucristo.
- Recuerde que este estudio describe la fe cristiana desde una perspectiva evangélica histórica, procurando distinguir con respeto entre enseñanzas centrales del Nuevo Testamento y asuntos en los que existen diferencias entre tradiciones cristianas.
1. ¿Qué significa «creer» en el Nuevo Testamento?
Más que admitir que algo es verdadero
En español, «creer» puede significar simplemente pensar que algo probablemente es cierto. En el Nuevo Testamento, sin embargo, la familia de palabras griegas relacionada con pistis (fe, confianza) y pisteuō (creer, confiar) puede expresar convicción, confianza y dependencia. El sentido exacto depende del contexto, pero cuando los evangelios hablan de «creer en» Jesucristo no describen una opinión distante: llaman a depositar la confianza en una persona.
Juan explica el propósito de su evangelio diciendo que escribió para que sus lectores crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre (Juan 20:30-31). La fe cristiana tiene, por tanto, contenido —afirma algo verdadero acerca de Jesús— y también dirección personal —descansa en Él para recibir la vida que Dios promete—.
Referencias bíblicas: Juan 1:12-13; Juan 3:16-18; Juan 6:35-40; Juan 20:30-31; Hechos 16:30-31.
La Biblia distingue entre conocimiento y confianza
Saber datos correctos no equivale automáticamente a confiar. Santiago 2:19 utiliza un ejemplo fuerte: incluso los demonios reconocen que Dios es uno, pero ese conocimiento no es fe salvadora. El punto de Santiago no es negar la importancia de la verdad doctrinal; es mostrar que una afirmación correcta, aislada de una respuesta real a Dios, puede quedarse en simple asentimiento.
Por eso, creer en Jesús incluye conocer suficientemente el mensaje acerca de Él, reconocerlo como verdadero y confiar personalmente en Cristo. Ninguna de esas dimensiones debe separarse de las otras. Una fe sin contenido puede convertirse en sentimentalismo; un conocimiento sin confianza puede quedarse en información religiosa.
Referencias bíblicas: Santiago 2:14-20; Romanos 10:14-17; 2 Timoteo 1:12.
2. ¿En quién estamos creyendo?
Jesús dentro de su contexto histórico
Jesús de Nazaret vivió en el mundo judío del siglo I, cuando Judea y Galilea estaban bajo la influencia y el control político de Roma. El ministerio de Juan el Bautista y de Jesús se desarrolló durante el reinado del emperador Tiberio, y la crucifixión de Jesús ocurrió cuando Poncio Pilato gobernaba Judea. Lucas sitúa expresamente su relato en ese marco histórico (Lucas 3:1-2), y los cuatro evangelios presentan la muerte de Jesús bajo la autoridad de Pilato.
En aquel ambiente existían diversas expectativas acerca del Mesías. Algunos esperaban restauración nacional, justicia para Israel o liberación de sus opresores. Los evangelios, sin embargo, presentan a Jesús redefiniendo esas expectativas alrededor del reino de Dios, el servicio, el sufrimiento, la cruz y la resurrección. Creer en Jesús requiere permitir que la propia Escritura nos diga quién es Él, en lugar de construir un Jesús a la medida de nuestros deseos.
Referencias bíblicas: Marcos 1:14-15; Marcos 8:27-35; Lucas 3:1-2; Lucas 24:25-27, 44-47; Juan 18:33-38.
El Cristo, el Hijo de Dios y el Señor
El título «Cristo» no es un apellido. Traduce el griego Christos y corresponde a la idea hebrea de «Mesías», es decir, el ungido. Cuando Pedro confiesa: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente», está identificando a Jesús dentro de la esperanza mesiánica de Israel (Mateo 16:13-17). El Nuevo Testamento también lo llama «Señor», lenguaje que expresa autoridad y, en varios pasajes, lo sitúa dentro de la identidad y el señorío que las Escrituras atribuyen a Dios.
Filipenses 2:9-11 aplica a Jesús el lenguaje de Isaías 45:23: toda rodilla se doblará y toda lengua confesará. Por eso, la fe cristiana no consiste en usar a Jesús como una ayuda adicional para mejorar la vida. Significa reconocer que nuestra vida le pertenece.
Referencias bíblicas: Mateo 16:13-17; Juan 1:1-18; Juan 8:58; Juan 20:28-31; Filipenses 2:5-11; Colosenses 1:15-20.
3. Fechas y marco cronológico del anuncio cristiano
Las fechas antiguas no siempre pueden establecerse con precisión absoluta. La siguiente cronología utiliza rangos aproximados aceptados ampliamente y señala cuando existe discusión. Su propósito no es resolver todos los debates cronológicos, sino mostrar que el mensaje cristiano surgió dentro de acontecimientos históricos concretos.
| Fecha aproximada | Acontecimiento | Importancia para el tema |
| c. 6-4 a.C. | Nacimiento de Jesús (fecha aproximada). | El Nuevo Testamento sitúa a Jesús en la historia de Israel y bajo el mundo romano; la fecha exacta no se conserva. |
| 14-37 d.C. | Reinado de Tiberio César. | Lucas 3:1 ubica el ministerio de Juan el Bautista durante este reinado. |
| 26-36 d.C. | Gobierno de Poncio Pilato en Judea. | Los evangelios sitúan bajo Pilato la condena y crucifixión de Jesús. |
| c. 27-33 d.C. | Ministerio público de Jesús, según una reconstrucción posible. | Jesús anuncia el reino de Dios y llama a arrepentirse y creer en el evangelio. |
| c. 30 o 33 d.C. | Crucifixión y proclamación de la resurrección; ambas fechas son propuestas comunes. | La muerte y resurrección de Cristo forman el núcleo del evangelio apostólico. |
| c. 30-33 d.C. | Pentecostés y primera predicación apostólica en Jerusalén. | La respuesta solicitada incluye arrepentimiento, fe, bautismo y entrada en la comunidad de discípulos. |
| c. 53-55 d.C. | Pablo escribe 1 Corintios. | 1 Corintios 15:1-8 conserva una formulación muy temprana del mensaje sobre la muerte, sepultura, resurrección y apariciones de Cristo. |
Nota histórica: las fechas de nacimiento, comienzo del ministerio y crucifixión de Jesús se reconstruyen a partir de varias fuentes y sincronismos. Los estudiosos no coinciden en todos los detalles; por eso se presentan aquí como aproximaciones.
4. ¿Por qué necesitamos creer en Jesús?
El problema bíblico no es solamente ignorancia
El evangelio parte de una evaluación seria de la condición humana. Según las Escrituras, nuestro problema no consiste únicamente en que nos falte información religiosa; el pecado ha afectado nuestra relación con Dios. Romanos 3:23 declara que todos han pecado. Efesios 2:1-3 describe al ser humano apartado de Dios como «muerto» en delitos y pecados, lenguaje que subraya la incapacidad de producir por nosotros mismos la vida espiritual que necesitamos.
Esto explica por qué el cristianismo no presenta a Jesús solamente como maestro moral. Si nuestro problema fuera únicamente desconocer algunas reglas, bastaría con recibir mejores instrucciones. Pero si necesitamos reconciliación, perdón y vida nueva, necesitamos un Salvador.
Referencias bíblicas: Isaías 53:5-6; Marcos 7:20-23; Romanos 3:9-26; Romanos 6:23; Efesios 2:1-5.
Creer es recibir un regalo, no pagar una deuda
Efesios 2:8-10 reúne tres ideas que deben mantenerse juntas: la salvación es por gracia; se recibe por medio de la fe; y conduce a una vida de buenas obras. Las obras no aparecen como precio de entrada, sino como fruto de la nueva vida que Dios produce. Romanos 3:21-28 presenta el mismo contraste: la justificación no descansa en las obras mediante las cuales una persona intenta establecer mérito delante de Dios, sino en la obra de Cristo recibida por fe.
La fe, por tanto, no es una obra que nos permite presumir. Incluso la persona que cree llega a Dios como necesitada, no como acreedora. La fuerza de la salvación está en Cristo, no en la capacidad psicológica de generar una fe perfecta.
Referencias bíblicas: Romanos 3:21-28; Romanos 4:1-8; Gálatas 2:15-21; Efesios 2:8-10; Tito 3:3-7.
5. El corazón de la fe: la muerte y la resurrección de Cristo
No creemos solamente en las enseñanzas de Jesús
Pablo resume el evangelio que había anunciado en Corinto diciendo que Cristo murió por nuestros pecados, fue sepultado, resucitó al tercer día y fue visto por testigos (1 Corintios 15:1-8). Esta carta fue escrita aproximadamente a mediados de la década de los años 50 d.C., y Pablo recuerda a sus lectores una tradición que él mismo había recibido antes. Esto muestra que la muerte y la resurrección no fueron añadidos tardíos al mensaje cristiano; estaban en su centro desde la primera generación.
Creer en Jesús incluye, entonces, confiar en que su muerte tiene significado salvador y en que Dios lo levantó de entre los muertos. Romanos 4:24-25 vincula su entrega con nuestras transgresiones y su resurrección con nuestra justificación. Sin la resurrección, afirma Pablo, la fe cristiana sería vana (1 Corintios 15:14-19).
Referencias bíblicas: Lucas 24:44-48; Hechos 2:22-36; Romanos 4:23-25; Romanos 10:9-10; 1 Corintios 15:1-8, 12-20; 1 Pedro 2:24.
La fe descansa en una obra terminada fuera de nosotros
Esta verdad es especialmente importante para una persona que apenas comienza en la fe. Nuestro estado emocional cambia. Algunos días sentimos seguridad y otros días sentimos temor. El evangelio no descansa en la estabilidad de nuestras emociones, sino en un acontecimiento que el mensaje apostólico anuncia como realizado: Cristo murió y resucitó. La fe mira fuera de sí misma y se apoya en Él.
6. Creer, arrepentirse y confesar
Arrepentimiento y fe son respuestas inseparables
Jesús comenzó su proclamación pública diciendo: «arrepentíos y creed en el evangelio» (Marcos 1:14-15). El arrepentimiento bíblico no es simplemente sentir remordimiento. Implica un cambio de mente y dirección delante de Dios: reconocer el pecado, abandonar la pretensión de gobernarnos sin Él y volvernos hacia Dios. La fe mira a Cristo; el arrepentimiento se aparta de aquello que compite con su señorío.
No debemos convertir esta relación en una fórmula mecánica. En algunos textos el énfasis está en creer; en otros, en arrepentirse; en otros, en invocar el nombre del Señor. Son maneras complementarias de describir la respuesta humana al evangelio.
Referencias bíblicas: Marcos 1:14-15; Lucas 24:46-47; Hechos 2:37-41; Hechos 20:20-21; 1 Tesalonicenses 1:9-10.
Confesar a Jesús como Señor
Romanos 10:9-13 habla de creer en el corazón que Dios levantó a Jesús de los muertos y confesar con la boca que Jesús es Señor. La confesión no es una contraseña religiosa que funciona por repetir palabras exactas. En su contexto, expresa públicamente la realidad de la fe: la persona reconoce a Jesús y se acoge a Él. Pablo concluye citando Joel: «todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo».
Para el nuevo creyente, esto significa que la fe no necesita esconderse como una idea privada. Naturalmente comienza a expresarse: en oración, en la confesión de Cristo, en el bautismo y en la incorporación a una comunidad de discípulos.
Referencias bíblicas: Mateo 10:32-33; Romanos 10:8-13; Hechos 2:38-42; Hechos 8:35-38.
7. ¿Qué lugar tienen las buenas obras?
No son la raíz de la salvación; son su fruto
Una de las preguntas más frecuentes surge al comparar a Pablo con Santiago. Pablo insiste en que una persona no es justificada por obras de la ley, sino por la fe en Cristo (Romanos 3:28; Gálatas 2:16). Santiago, por su parte, confronta una «fe» que consiste en palabras pero no produce misericordia ni obediencia (Santiago 2:14-26).
Los dos autores responden a errores diferentes. Pablo combate la confianza en las obras como base para ser aceptados por Dios; Santiago combate la idea de que una afirmación religiosa sin fruto sea una fe viva. Efesios 2:8-10 ayuda a mantener el equilibrio: somos salvados por gracia mediante la fe, no por obras; pero hemos sido creados en Cristo para buenas obras.
Referencias bíblicas: Romanos 3:27-28; Gálatas 2:15-16; Efesios 2:8-10; Santiago 2:14-26; Tito 2:11-14.
La obediencia no compra a Cristo; nace de haberlo recibido
Cuando Jesús llama a sus discípulos a obedecer, amar, perdonar y perseverar, no está enseñando un sistema de puntos para comprar el perdón. Está describiendo la vida que corresponde a quienes lo reconocen como Señor. El crecimiento cristiano puede ser lento y contiene luchas reales, pero una fe viva no desea permanecer indiferente a la voluntad de Cristo.
Referencias bíblicas: Juan 14:15; Juan 15:1-10; Gálatas 5:6, 13-25; 1 Juan 2:3-6.
8. Creer en Jesús es comenzar a seguirle
La fe del Nuevo Testamento tiene forma de discipulado
En los evangelios, Jesús no llama simplemente a admiradores, sino a discípulos. «Sígueme» resume muchas de sus invitaciones. El discipulado no significa alcanzar perfección inmediata; los propios discípulos de Jesús tuvieron miedo, dudas, incomprensiones y caídas. Significa que la dirección de la vida ha cambiado: ahora aprendemos de Cristo y volvemos a Él incluso cuando fallamos.
Lucas 9:23 habla de negarse a sí mismo, tomar la cruz cada día y seguir a Jesús. Estas palabras no enseñan que el sufrimiento gane la salvación. Describen el costo real del señorío de Cristo: ya no consideramos nuestra autonomía como el bien supremo. Creer en Jesús implica entregarle el derecho de definir quiénes somos y cómo vivimos.
Referencias bíblicas: Mateo 4:18-22; Lucas 9:23-26; Juan 8:31-32; Juan 10:27-30; Juan 13:34-35.
La comunidad cristiana forma parte del camino
El libro de Hechos muestra que quienes recibían el mensaje eran bautizados y perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, la comunión, el partimiento del pan y las oraciones (Hechos 2:41-42). La fe es personal, pero no fue diseñada para vivirse en aislamiento. El nuevo creyente necesita Escritura, oración, comunión, corrección, servicio y el acompañamiento de otros discípulos.
Referencias bíblicas: Hechos 2:41-47; Hebreos 10:23-25; Colosenses 3:12-17.
9. Dudas, seguridad y crecimiento
Tener preguntas no significa automáticamente no tener fe
La Biblia no oculta la fragilidad de personas que creyeron. En Marcos 9:24, un padre clama: «Creo; ayuda mi incredulidad». En Mateo 28:17, algunos discípulos dudaron incluso al encontrarse con Jesús resucitado. Estos textos no celebran la incredulidad, pero muestran que la fe puede coexistir con luchas, preguntas y necesidad de crecimiento.
La respuesta pastoral no es enseñar al creyente a examinar obsesivamente la intensidad de cada sentimiento. Es dirigirlo una y otra vez hacia Cristo, sus promesas y el evangelio. La seguridad cristiana se alimenta de lo que Dios ha hecho, del testimonio de su Palabra y también de la obra transformadora que el Espíritu produce progresivamente en la vida.
Referencias bíblicas: Marcos 9:20-24; Juan 6:37-40; Romanos 8:31-39; 1 Juan 5:9-13; Filipenses 1:6.
La fe pequeña puede descansar en un Salvador grande
Jesús habló de fe pequeña y de discípulos que necesitaban crecer. La esperanza del evangelio no consiste en contemplar nuestra fe como si ella fuera el salvador. La fe es el medio por el cual nos aferramos a Cristo. Por eso, cuando el creyente descubre debilidad, su respuesta no debe ser fingir fuerza, sino acudir de nuevo a Aquel en quien ha confiado.
10. Lo que creer en Jesús no significa
No significa creer sin comprender nada
La fe cristiana no exige apagar la mente. Romanos 10:17 conecta la fe con oír el mensaje de Cristo; Lucas elogia el examen de las Escrituras en Berea (Hechos 17:10-12). Un creyente puede hacer preguntas, estudiar el contexto y buscar razones. La fe bíblica no necesita inventar certezas donde la evidencia no permite afirmarlas.
No significa alcanzar perfección antes de acercarse a Dios
Jesús llamó a pecadores y personas quebrantadas. El evangelio no dice: «arréglate primero y después ven». Dice que Cristo vino a llamar a pecadores al arrepentimiento y que quien viene a Él no será echado fuera. El crecimiento sigue a la recepción de la gracia; no es un requisito previo para merecerla.
Referencias bíblicas: Marcos 2:15-17; Lucas 18:9-14; Juan 6:37; Romanos 5:6-8.
No significa pronunciar una oración como fórmula mágica
Una oración puede expresar fe verdadera y es completamente apropiado invocar a Dios. Sin embargo, el Nuevo Testamento no presenta una combinación específica de palabras como mecanismo automático de salvación. La cuestión central no es si la persona repitió exactamente una fórmula, sino si está acudiendo a Jesucristo con arrepentimiento y confianza. Romanos 10:13 dice que todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo; esa invocación expresa dependencia real del Señor a quien se llama.
11. ¿Cómo responde una persona que desea creer en Jesús?
Escuche y comprenda el evangelio
Comience por los evangelios. Lea quién es Jesús, qué enseñó, cómo trató a las personas, por qué fue crucificado y qué afirman sus discípulos acerca de su resurrección. La fe cristiana no pide confiar en un nombre vacío, sino en la persona de Cristo tal como es anunciada en las Escrituras.
Reconozca su necesidad y vuélvase a Dios
No necesita presentar a Dios una versión maquillada de su vida. Confiese su pecado, abandone la pretensión de salvarse a sí mismo y pida misericordia. El arrepentimiento no es pagar por los errores; es volver a Dios porque reconoce que necesita su gracia.
Confíe en Cristo y dígaselo a Dios
Puede hablar con Dios con palabras sencillas y sinceras. No existe una oración que tenga poder por su redacción, pero sí existe un Salvador que recibe al que viene a Él. Dígale que reconoce a Jesús como Señor, que confía en su muerte y resurrección, que necesita perdón y que desea aprender a seguirle.
Dé los primeros pasos de obediencia
Busque una iglesia cristiana que enseñe fielmente las Escrituras y el evangelio, converse con creyentes maduros, pregunte acerca del bautismo, aprenda a orar y establezca un hábito de lectura bíblica. La vida cristiana comienza por gracia y continúa dependiendo de la gracia.
Referencias bíblicas: Juan 1:12-13; Juan 6:35-40; Hechos 2:37-42; Hechos 16:29-34; Romanos 10:9-13; Colosenses 2:6-7.
Preguntas frecuentes
¿Tengo que entender toda la Biblia antes de creer?
No. Nadie comienza comprendiendo toda la Escritura. Los primeros discípulos aprendieron progresivamente. Lo necesario es responder al evangelio que se ha comprendido: quién es Cristo, nuestra necesidad de salvación y lo que Él ha hecho. Después comienza una vida entera de aprendizaje (Juan 20:30-31; Hechos 8:30-38).
¿Qué pasa si mi fe se siente débil?
La salvación no depende de producir una emoción suficientemente intensa. Lleve su debilidad a Cristo, escuche su Palabra, ore y busque apoyo en la comunidad cristiana. Marcos 9:24 ofrece una oración profundamente humana: una persona puede creer y al mismo tiempo pedir ayuda para su incredulidad.
¿Puedo decir que creo y continuar deliberadamente igual?
El Nuevo Testamento no presenta la fe salvadora como permiso para conservar una vida voluntariamente cerrada al señorío de Cristo. Tampoco enseña que el creyente se vuelva instantáneamente perfecto. Enseña una nueva dirección: la gracia que salva también comienza a enseñarnos a renunciar al pecado y a vivir para Dios (Tito 2:11-14; 1 Juan 2:3-6).
¿La fe es una decisión humana o una obra de Dios?
El Nuevo Testamento llama realmente a las personas a creer y responsabiliza al ser humano por su respuesta (Juan 3:18-21; Hechos 17:30-31). Al mismo tiempo, describe la salvación como resultado de la iniciativa y la gracia de Dios (Juan 6:44; Efesios 2:8-10; Filipenses 1:29). Las tradiciones cristianas explican de manera diferente cómo relacionar estos énfasis. Para un nuevo creyente, lo más importante es no usar ese debate para posponer la respuesta que el evangelio pide: venir a Cristo y confiar en Él.
Para reflexionar personalmente
Tome unos minutos y responda con honestidad. Estas preguntas no son un examen para ganar la salvación; son una ayuda para reconocer dónde está puesta su confianza.
- Cuando digo «creo en Jesús», ¿quiero decir solamente que acepto que existió, o estoy confiando en Él para reconciliarme con Dios?
- ¿Estoy descansando en la obra de Cristo o sigo intentando convencerme de que Dios me aceptará porque he sido suficientemente bueno?
- ¿Hay algún área de mi vida en la que sé que Cristo me llama a cambiar de dirección?
- ¿Qué paso concreto puedo dar esta semana para conocer mejor a Jesús: leer un evangelio, orar con honestidad, buscar una iglesia, hablar con un creyente maduro o prepararme para el bautismo?
Lecturas bíblicas recomendadas
Para continuar estudiando, lea estos pasajes completos y anote qué enseñan acerca de Jesús, la fe y la respuesta del ser humano:
- Juan 1:1-18 — Quién es Jesús y qué significa recibirlo.
- Juan 3:1-21 — Nuevo nacimiento, amor de Dios y fe en el Hijo.
- Lucas 15:1-32 — La gracia de Dios hacia el perdido que vuelve a Él.
- Lucas 23:32-43 — El criminal que acude a Jesús sin méritos que ofrecer.
- Hechos 16:16-34 — «¿Qué debo hacer para ser salvo?» y la respuesta apostólica.
- Romanos 3:21-28 — Justificación por gracia mediante la fe.
Conclusión reflexiva
Creer en Jesús es una frase sencilla, pero no superficial. Significa reconocer que no podemos salvarnos a nosotros mismos, escuchar el anuncio de que Dios ha actuado en Jesucristo, confiar en su muerte y resurrección, y colocar nuestra vida bajo su señorío. La fe no es un trofeo para personas religiosas; es la mano vacía del necesitado que recibe un regalo.
Tal vez usted comienza este camino con muchas preguntas. No necesita fingir que ya entiende todo. Los primeros discípulos tampoco lo entendieron todo de una vez. Lo decisivo es qué hará con Jesús mientras aprende. El evangelio no le invita a admirarlo desde lejos, sino a venir a Él. Jesús dijo que al que viene a Él no lo echará fuera (Juan 6:37).
Y cuando una persona viene, descubre que la vida cristiana no termina en el momento de creer: allí comienza. La misma gracia que perdona empieza a enseñar, corregir, sostener y transformar. Creer en Jesús es confiar hoy en Aquel que murió y resucitó, y aprender mañana a seguir confiando en Él.
| PARA RECORDAR La fe cristiana no dice: «yo soy suficientemente bueno para que Dios me acepte». Dice: «Cristo es suficiente; por eso descanso en Él». Y esa confianza, cuando es viva, comienza a producir una nueva manera de pensar, amar y vivir. |


