¿Qué es el evangelio?

Contenido del estudio
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TEMAS BÍBLICOS PARA PERSONAS QUE COMIENZAN EN LA FE

¿Qué es el evangelio?

Un estudio bíblico evangelístico

“El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.” Marcos 1:15

¿Qué es el evangelio?

Propósito del estudio. Comprender qué anuncia la Biblia cuando habla del evangelio, por qué esta noticia es necesaria, qué hizo Jesucristo y cómo debe responder una persona. El objetivo no es acumular información religiosa, sino mirar con claridad a Cristo y entender la esperanza que Dios ofrece por medio de Él.

Idea central El evangelio es la buena noticia de que Dios ha actuado decisivamente en Jesucristo: el Hijo de Dios murió por nuestros pecados, fue sepultado, resucitó corporalmente y reina como Señor. Por gracia, Dios ofrece perdón, reconciliación y vida nueva a quienes se arrepienten y confían en Cristo.

1. Introducción: una noticia antes que un consejo

Muchas personas se acercan al cristianismo pensando que el mensaje principal de la Biblia consiste en “portarse bien”, asistir a una iglesia o adoptar ciertas costumbres. Esas prácticas pueden tener un lugar en la vida cristiana, pero no son el corazón del evangelio. El evangelio comienza con una noticia: Dios hizo algo que nosotros no podíamos hacer por nosotros mismos.

Un consejo dice: “Haz esto y quizá logres cambiar”. Una noticia anuncia: “Algo ha ocurrido, y esa realidad cambia tu situación”. Por eso, el Nuevo Testamento presenta el evangelio como un anuncio acerca de Jesucristo: quién es, qué hizo, qué significa su muerte y resurrección, y qué respuesta pide de nosotros.

Esta distinción es vital para quien comienza en la fe. Si reducimos el cristianismo a reglas, terminaremos confiando en nuestro esfuerzo o viviendo bajo culpa constante. Cuando comprendemos el evangelio, aprendemos que la salvación descansa primero en la obra de Dios y no en el desempeño humano.

Referencias bíblicas: Marcos 1:14-15; Romanos 1:1-4, 16-17; 1 Corintios 15:1-4; 2 Timoteo 1:8-10.

2. El significado bíblico de la palabra “evangelio”

Una proclamación de buenas noticias

La palabra española “evangelio” procede del término griego euangélion, que significa “buena noticia” o “buen anuncio”. En el mundo antiguo, la palabra podía emplearse para comunicar una victoria, el nacimiento de un gobernante o un acontecimiento público que afectaba a una comunidad. El Nuevo Testamento toma ese lenguaje y lo concentra en una noticia incomparable: Dios ha cumplido sus promesas por medio de Jesucristo. [1]

En Marcos 1:14-15, Jesús llega a Galilea proclamando el evangelio de Dios. Su mensaje anuncia que el tiempo prometido ha llegado, que el reino de Dios se ha acercado y que la respuesta apropiada es arrepentirse y creer. El evangelio, por tanto, no es un rumor privado ni una opinión espiritual: es una proclamación que reclama confianza, obediencia y esperanza.

Referencias bíblicas: Isaías 40:9; 52:7; 61:1-2; Marcos 1:1, 14-15; Lucas 4:16-21; Romanos 1:1-4.

El mensaje antes que los cuatro libros

Los primeros cristianos llamaron “evangelio” al mensaje acerca de Jesús antes de usar la palabra como título para los relatos escritos de Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Esos cuatro libros reciben el nombre de Evangelios porque narran y proclaman la buena noticia de Jesucristo. No son cuatro evangelios contradictorios, sino cuatro testimonios canónicos que presentan al mismo Señor desde perspectivas complementarias.

Pablo, por ejemplo, habla de “mi evangelio” no porque hubiera inventado un mensaje distinto, sino porque había recibido y proclamaba la noticia apostólica acerca de Cristo. En 1 Corintios 15:1-8 resume el contenido que él mismo había recibido: Cristo murió por nuestros pecados, fue sepultado, resucitó y se apareció a testigos.

Referencias bíblicas: Romanos 2:16; 16:25; Gálatas 1:6-9, 11-12; 1 Corintios 15:1-8; 2 Timoteo 2:8.

3. El evangelio nace dentro de la gran historia bíblica

Creación, rebelión y promesa

El evangelio no aparece de repente al final de la Biblia. Comienza a comprenderse desde la creación. Dios hizo al ser humano a su imagen, para vivir en comunión con Él, reflejar su carácter y administrar responsablemente la creación. Sin embargo, la humanidad escogió desconfiar de Dios y rebelarse contra su voluntad. El pecado trajo culpa, corrupción, muerte y ruptura: con Dios, con el prójimo, con uno mismo y con la creación.

Aun en medio del juicio, Dios dio señales de esperanza. La tradición cristiana ha visto en Génesis 3:15 un primer destello de la victoria futura sobre el mal. Más adelante, Dios prometió bendecir a todas las familias de la tierra por medio de Abraham, formar un pueblo, dar una ley, habitar entre ellos y levantar un rey cuyo reino tendría alcance permanente.

Referencias bíblicas: Génesis 1:26-28; 2:15-17; 3:1-24; 3:15; 12:1-3; Éxodo 19:3-6; 2 Samuel 7:12-16; Romanos 5:12-21.

Los profetas anunciaron consuelo, perdón y reino

Los profetas de Israel hablaron a comunidades reales marcadas por idolatría, injusticia, invasiones y exilio. En ese contexto anunciaron que Dios no abandonaría su propósito. Isaías describe buenas noticias para Sion: Dios reina, consuela a su pueblo y trae salvación. Jeremías anuncia un nuevo pacto en el que Dios perdonaría la maldad y escribiría su ley en el corazón. Ezequiel habla de un corazón nuevo y del Espíritu de Dios obrando en su pueblo.

Cuando Jesús proclama buenas noticias a los pobres, libertad a los cautivos y el año favorable del Señor, está leyendo su misión dentro de esas promesas. El evangelio cristiano afirma que la historia de Israel alcanza su cumplimiento decisivo en Jesús, el Mesías prometido.

Referencias bíblicas: Isaías 40:1-11; 52:7-10; 53:1-12; 61:1-3; Jeremías 31:31-34; Ezequiel 36:25-27; Lucas 4:16-21; 24:25-27, 44-47.

4. El centro del evangelio: Jesucristo

Quién es Jesús

El evangelio no puede separarse de la identidad de Jesús. El Nuevo Testamento lo presenta como el Mesías prometido, el Hijo de David, el Hijo de Dios, la Palabra hecha carne y el Señor. No se trata solamente de un maestro moral o de un mártir admirable. Su autoridad para perdonar, salvar y reinar está unida a quién es Él.

Los Evangelios muestran a Jesús anunciando el reino de Dios, llamando discípulos, enseñando con autoridad, compadeciéndose de los quebrantados, confrontando la hipocresía, sanando enfermos y recibiendo a pecadores. Sus obras no son trucos aislados; funcionan como señales del reino y como revelación del carácter misericordioso y santo de Dios.

Referencias bíblicas: Mateo 1:1, 20-23; Marcos 1:1; Juan 1:1-18; 8:58; 20:30-31; Romanos 1:3-4; Colosenses 1:15-20.

Su vida obediente y su anuncio del reino

Jesús vivió en obediencia al Padre y enfrentó la tentación sin ceder al pecado. Donde Adán e Israel fallaron, Jesús permaneció fiel. Su mensaje del reino anunciaba el gobierno salvador de Dios: un reinado que ya se hacía presente en su persona y obras, pero cuya plenitud todavía sería manifestada.

El reino de Dios no debe reducirse a una emoción privada ni identificarse sin más con un proyecto político humano. Es la acción soberana de Dios para rescatar, juzgar el mal, formar un pueblo santo y restaurar todas las cosas bajo el señorío de Cristo.

Referencias bíblicas: Mateo 4:1-17; 5:17-20; 12:28; Marcos 1:14-15; Lucas 11:20; Juan 4:34; Hebreos 4:14-16.

Su muerte por nuestros pecados

La cruz es indispensable para comprender el evangelio. Jesús fue ejecutado por crucifixión bajo autoridad romana, durante el gobierno de Poncio Pilato. La crucifixión era una forma pública, humillante y brutal de pena capital, empleada por Roma para castigar y disuadir. Los Evangelios no presentan la muerte de Jesús como un accidente inesperado, sino como el acto en el que Él entrega voluntariamente su vida y cumple el propósito redentor de Dios.

La Biblia usa varias imágenes complementarias para explicar la cruz. Jesús carga con nuestros pecados; entrega su vida como rescate; reconcilia a enemigos con Dios; satisface la justicia divina; inaugura el nuevo pacto y vence a los poderes del mal. Ninguna imagen debe aislarse de las demás. Juntas muestran que en la cruz Dios no ignoró el pecado: lo juzgó y, al mismo tiempo, abrió el camino del perdón para pecadores. [2]

Referencias bíblicas: Isaías 53:4-6, 10-12; Marcos 10:45; 14:22-24; Juan 10:17-18; Romanos 3:21-26; 5:6-11; 2 Corintios 5:18-21; Colosenses 2:13-15; 1 Pedro 2:24.

Su resurrección corporal

El evangelio no termina en una tumba. Los apóstoles anunciaron que Dios resucitó a Jesús de entre los muertos. La resurrección declara que la muerte no tuvo la última palabra, confirma la identidad y la obra de Cristo, inaugura la nueva creación y garantiza la esperanza futura de quienes pertenecen a Él.

Pablo enseña que, si Cristo no resucitó, la predicación cristiana queda vacía y la fe no salva. Por eso, 1 Corintios 15 menciona la sepultura y las apariciones a testigos. La fe cristiana no se apoya meramente en la idea de que “el espíritu de Jesús sigue vivo”, sino en el anuncio de que Dios levantó al Crucificado.

Referencias bíblicas: Mateo 28:1-10; Lucas 24:1-49; Juan 20:1-29; Hechos 2:22-36; Romanos 4:23-25; 1 Corintios 15:3-8, 12-23.

Su exaltación y señorío

Después de resucitar, Jesús fue exaltado y los apóstoles lo proclamaron Señor y Cristo. El evangelio anuncia no solo que Jesús salva individuos, sino que Él reina. Su señorío confronta toda lealtad absoluta a los ídolos, al poder, al dinero, al orgullo y al yo. Al mismo tiempo, consuela: la historia no está fuera de control y el Rey crucificado y resucitado llevará su obra a consumación.

Referencias bíblicas: Mateo 28:18-20; Hechos 1:6-11; 2:32-36; Filipenses 2:5-11; Efesios 1:19-23; Apocalipsis 5:9-14.

Resumen apostólico El núcleo del evangelio puede expresarse así: Jesucristo, el Hijo de Dios y Mesías prometido, murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras, fue sepultado, resucitó al tercer día, fue visto por testigos y ha sido exaltado como Señor. Él ofrece salvación por gracia a quienes se arrepienten y creen.

5. Por qué necesitamos el evangelio

El problema es más profundo que nuestras circunstancias

El evangelio es buena noticia porque responde a una realidad grave. La Biblia describe el pecado como rebelión, incredulidad, injusticia y desviación del propósito de Dios. No se limita a errores visibles; alcanza deseos, pensamientos, palabras, omisiones y lealtades del corazón. Todos hemos pecado y ninguno puede presentarse justo delante de Dios por sus propios méritos.

Aunque las personas pueden realizar acciones valiosas y mostrar bondad relativa, la Escritura enseña que la relación rota con Dios no se repara mediante comparación con otros, esfuerzo moral o ritual religioso. Necesitamos perdón, una justicia que no producimos por nosotros mismos y una transformación que solo Dios puede dar.

Referencias bíblicas: Salmo 14:1-3; Isaías 59:1-2; Marcos 7:20-23; Romanos 1:18-32; 3:9-23; Efesios 2:1-3; Santiago 2:10.

La santidad y la justicia de Dios

Dios es amoroso, pero su amor no significa indiferencia ante el mal. Él es santo y justo; por eso, el pecado tiene consecuencias reales. El juicio bíblico no es un capricho divino, sino la respuesta recta de Dios frente a aquello que destruye su creación y deshonra su nombre.

La cruz revela al mismo tiempo la gravedad del pecado y la profundidad del amor de Dios. Si el pecado pudiera resolverse con buenas intenciones, la muerte de Cristo sería innecesaria. Pero Dios muestra su amor en que Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores.

Referencias bíblicas: Éxodo 34:6-7; Habacuc 1:13; Romanos 2:5-11; 3:25-26; 5:8; 6:23; Hebreos 9:27-28.

6. Lo que Dios ofrece en el evangelio

Perdón y justificación

En Cristo, Dios ofrece perdón completo y justificación. Justificar significa declarar justo al pecador que confía en Cristo, no porque la persona haya acumulado méritos, sino por la obra de Jesús. El creyente deja de depender de su propia justicia y recibe, por fe, una posición nueva delante de Dios.

Referencias bíblicas: Romanos 3:21-28; 4:1-8; 5:1; Gálatas 2:15-21; Filipenses 3:7-9.

Reconciliación y adopción

El evangelio no solo cancela una deuda; restaura una relación. Quienes eran enemigos son reconciliados con Dios. Además, reciben el privilegio de ser llamados hijos de Dios. La adopción bíblica habla de pertenencia, acceso al Padre, herencia y una nueva identidad dentro de la familia de Dios.

Referencias bíblicas: Juan 1:12-13; Romanos 5:10-11; 8:14-17; 2 Corintios 5:18-20; Gálatas 4:4-7.

Nuevo nacimiento y presencia del Espíritu Santo

Dios no se limita a mejorar superficialmente al pecador. Por el Espíritu Santo da nueva vida, cambia el corazón y comienza una obra de transformación. El nuevo nacimiento no significa perfección inmediata, sino el inicio real de una vida orientada hacia Dios, sostenida por su gracia.

Referencias bíblicas: Ezequiel 36:25-27; Juan 3:1-8; Romanos 8:1-14; 1 Corintios 6:9-11; Tito 3:3-7.

Una esperanza futura: resurrección y nueva creación

La salvación bíblica tiene una dimensión presente y futura. Ahora el creyente recibe perdón, paz con Dios y el Espíritu; al final, Cristo resucitará a los suyos, juzgará con justicia y renovará la creación. El evangelio no promete escapar eternamente de la creación, sino participar en la restauración que Dios realizará bajo el señorío de Cristo.

Referencias bíblicas: Romanos 8:18-25; 1 Corintios 15:20-28, 50-58; Filipenses 3:20-21; 1 Pedro 1:3-5; Apocalipsis 21:1-5.

7. Cómo se recibe el evangelio

Arrepentimiento

Arrepentirse significa volvernos a Dios con una mente y una dirección cambiadas. Incluye reconocer el pecado, abandonar la autosuficiencia y someterse al señorío de Cristo. No es simplemente sentir remordimiento ni prometer que nunca volveremos a fallar. Es una respuesta sincera a la gracia de Dios que produce frutos en la vida.

Referencias bíblicas: Isaías 55:6-7; Marcos 1:15; Lucas 13:1-5; 15:17-24; Hechos 2:37-38; 3:19; 26:19-20; 2 Corintios 7:9-10.

Fe en Jesucristo

Creer el evangelio es confiar personalmente en Jesucristo: descansar en quién es Él y en lo que hizo, recibirlo como Salvador y reconocerlo como Señor. La fe bíblica incluye conocimiento, aceptación y confianza. No es una fuerza mental que obliga a Dios a cumplir nuestros deseos; es la mano vacía que recibe su regalo.

Referencias bíblicas: Juan 1:12; 3:16-18, 36; Hechos 16:30-31; Romanos 4:4-5; 10:9-13; Efesios 2:8-9.

La gracia excluye la jactancia, pero produce una vida nueva

La salvación es por gracia, mediante la fe, y no es resultado de obras humanas. Esto excluye toda jactancia. Sin embargo, la misma gracia que perdona también enseña a vivir de una manera nueva. Las buenas obras no son la raíz de la salvación, sino su fruto. No compran el amor de Dios; expresan agradecimiento y obediencia porque el creyente ha sido alcanzado por ese amor.

Referencias bíblicas: Efesios 2:8-10; Tito 2:11-14; 3:4-8; Santiago 2:14-18; 1 Juan 2:3-6.

Una aclaración pastoral No somos salvos por repetir una fórmula, levantar una mano o sentir una emoción intensa. Cristo salva. Una oración puede expresar arrepentimiento y fe, pero la confianza debe descansar en la persona y la obra de Jesús, no en la exactitud de nuestras palabras.

Oración sugerida de respuesta

Esta oración no es un rito mágico. Puede servir como guía para expresar con sinceridad lo que la Biblia enseña:

Oración Dios santo y misericordioso, reconozco que he pecado y que no puedo salvarme por mis propios méritos. Creo que Jesucristo murió por mis pecados y resucitó. Me vuelvo a Ti, pongo mi confianza en Cristo y te pido perdón. Recíbeme por tu gracia, dame una vida nueva por tu Espíritu y enséñame a seguir a Jesús como mi Señor. Amén.

8. Lo que el evangelio no es

Comprender lo que el evangelio no es ayuda a proteger su claridad. Algunas ideas pueden contener una parte de verdad, pero se vuelven peligrosas cuando reemplazan el anuncio apostólico.

  • No es solamente “sé una buena persona”. La moral importa, pero no puede borrar la culpa ni dar vida espiritual. El evangelio anuncia primero lo que Cristo hizo.
  • No es prosperidad garantizada. Dios cuida de sus hijos, pero Jesús y los apóstoles enseñaron que los creyentes también enfrentarían sufrimiento, oposición y disciplina.
  • No es una experiencia emocional sin verdad. Las emociones pueden acompañar la fe, pero el evangelio se basa en hechos anunciados acerca de Cristo.
  • No es pertenecer culturalmente a una religión. Haber crecido en un hogar cristiano, conocer vocabulario bíblico o asistir a reuniones no sustituye el arrepentimiento y la fe personal.
  • No es una ideología política. El señorío de Cristo tiene consecuencias públicas y éticas, pero ningún partido, nación o programa humano puede identificarse plenamente con el reino de Dios.
  • No es un mensaje de amor sin santidad ni arrepentimiento. El amor de Dios se manifiesta en que rescata del pecado, no en que declara bueno todo lo que hacemos.

Referencias bíblicas: Mateo 7:21-23; 16:24-26; Marcos 8:34-38; Juan 18:36; Romanos 14:17; 1 Corintios 15:1-4; Gálatas 1:6-9; 2 Timoteo 3:12.

9. Contexto histórico y cultural del anuncio cristiano

Judea y Galilea bajo dominio romano

Jesús desarrolló su ministerio en el siglo I, cuando Judea y Galilea se encontraban bajo la influencia y el poder de Roma. El emperador Tiberio gobernó entre los años 14 y 37 d.C., y Poncio Pilato ejerció como prefecto de Judea aproximadamente entre 26 y 36 d.C. Los Evangelios sitúan la crucifixión de Jesús dentro de ese marco político. Pilato tenía autoridad judicial romana, incluida la capacidad de imponer la pena capital. [3]

La población judía vivía con una fuerte memoria de las promesas bíblicas y con diversas expectativas acerca de la intervención de Dios. No todos esperaban lo mismo: algunos anhelaban liberación política, otros renovación espiritual, purificación del templo o el juicio de Dios. Jesús anunció el reino, pero redefinió las expectativas alrededor de su propia misión, la cruz, el servicio y la resurrección.

Referencias bíblicas: Lucas 3:1-2; 23:1-25; Juan 18:28-40; 19:10-16; Hechos 10:36-43.

La cruz: vergüenza pública transformada en anuncio de salvación

En el mundo romano, la crucifixión comunicaba derrota, humillación y poder imperial. Era particularmente escandaloso proclamar como Mesías y Señor a alguien que había sido crucificado. Pablo reconoce que el mensaje de la cruz era tropiezo para unos y locura para otros. Sin embargo, los cristianos anunciaron precisamente al Crucificado porque afirmaban que Dios lo había resucitado y que, mediante esa muerte, había realizado la salvación. [4]

Referencias bíblicas: Deuteronomio 21:22-23; Marcos 15:16-39; 1 Corintios 1:18-25; Gálatas 3:13; Filipenses 2:5-11; Hebreos 12:2.

La transmisión temprana del mensaje

La proclamación cristiana comenzó antes de que se escribieran los cuatro Evangelios canónicos. Las primeras comunidades enseñaban, memorizaban, confesaban y transmitían el mensaje acerca de Jesús. La primera carta a los Corintios, generalmente situada a mediados de la década de los cincuenta del siglo I, contiene en 1 Corintios 15:3-8 una tradición que Pablo dice haber “recibido” y “entregado”. Esto muestra que el resumen de la muerte, sepultura, resurrección y apariciones de Cristo circulaba antes de la redacción de esa carta. [5]

Los rangos de fecha para la composición de los Evangelios son discutidos entre especialistas. Muchos estudios modernos ubican a Marcos cerca de los años 65-75 d.C. y a los otros Evangelios en las décadas posteriores, aunque existen propuestas más tempranas. Lo importante para este estudio es distinguir entre el acontecimiento anunciado, la proclamación oral temprana y la posterior redacción de los testimonios evangélicos.

Referencias bíblicas: Lucas 1:1-4; Hechos 2:22-36; 1 Corintios 11:23-26; 15:1-8; Gálatas 1:18-24.

10. Fechas importantes en orden cronológico

Las fechas siguientes son aproximadas. En varios casos existen diferencias entre especialistas; se incluyen para ayudar a ubicar el mensaje dentro de la historia, no para presentar como cierta una precisión que las fuentes no permiten.

Fecha aproximadaAcontecimientoImportancia para comprender el evangelio
c. 27-30/33 d.C.Ministerio público de Jesús.Jesús proclama el reino de Dios, llama al arrepentimiento, enseña y realiza señales; el ministerio culmina con su muerte y la proclamación de su resurrección.
c. 30 o 33 d.C.Crucifixión y proclamación de la resurrección.Las dos fechas son propuestas comunes. El hecho se sitúa bajo Poncio Pilato y Tiberio.
Décadas de 30-40Predicación apostólica en Jerusalén y expansión inicial.La iglesia anuncia que Jesús es el Mesías resucitado y Señor.
c. 53-57 d.C.Redacción de 1 Corintios.1 Corintios 15 conserva un resumen recibido previamente acerca de la muerte y resurrección de Cristo.
c. 65-75 d.C.Rango frecuentemente propuesto para Marcos.El relato escrito preserva y proclama la buena noticia de Jesús. La fecha exacta es debatida.
70 d.C. [6]Destrucción de Jerusalén y del segundo templo por Roma.Este acontecimiento transformó profundamente el contexto judío y aparece como trasfondo de debates sobre la fecha de los Evangelios.
c. 75-100 d.C.Rangos frecuentemente propuestos para Mateo, Lucas y Juan.Los testigos y las comunidades cristianas transmiten el mensaje en formas narrativas canónicas. Las propuestas de fecha varían.

11. Cómo el evangelio transforma la vida del nuevo creyente

Una identidad nueva

El creyente ya no necesita construir su valor mediante aprobación, logros o comparación. En Cristo es perdonado, aceptado y adoptado. Esta identidad no fomenta orgullo, porque es un regalo; tampoco fomenta pasividad, porque llama a vivir de manera digna del evangelio.

Referencias bíblicas: Romanos 8:1, 14-17; 1 Corintios 6:19-20; 2 Corintios 5:17; Efesios 1:3-14; Filipenses 1:27.

Una comunidad nueva

El evangelio forma un pueblo. La vida cristiana no fue diseñada para vivirse en aislamiento. Los creyentes perseveran en la enseñanza apostólica, la comunión, la oración, el partimiento del pan y el cuidado mutuo. La iglesia no salva, pero es la comunidad en la que los salvados aprenden a seguir a Jesús, servir y dar testimonio.

Referencias bíblicas: Hechos 2:41-47; 1 Corintios 12:12-27; Efesios 2:11-22; Hebreos 10:23-25; 1 Pedro 2:9-10.

Una obediencia nacida del amor

La obediencia cristiana no pretende comprar el favor de Dios. Nace de haber sido amados y rescatados. El creyente aprende a decir no al pecado, buscar la santidad, reconciliarse con otros, practicar justicia, servir al necesitado y hablar de Cristo con humildad. El crecimiento suele ser progresivo: hay lucha, corrección, arrepentimiento continuo y dependencia del Espíritu Santo.

Referencias bíblicas: Juan 14:15; Romanos 6:1-14; 12:1-21; Gálatas 5:13-26; Efesios 4:17-32; Tito 2:11-14.

Primeros pasos recomendados

  1. Lee uno de los Evangelios, comenzando por Marcos o Juan, y anota qué revela cada pasaje acerca de Jesús.
  2. Ora con honestidad, adorando a Dios, confesando pecado, agradeciendo su gracia y presentando tus necesidades.
  3. Busca una iglesia local fiel a la enseñanza bíblica, donde puedas aprender, servir, recibir cuidado pastoral y caminar con otros creyentes.
  4. Habla con líderes maduros acerca del bautismo y de la participación en la Cena del Señor, procurando entender su significado bíblico dentro de la comunidad cristiana.
  5. Cuenta a otra persona, con sencillez y respeto, lo que has comprendido acerca de Jesucristo y del evangelio.

Referencias bíblicas: Mateo 28:18-20; Hechos 2:38-42; 8:26-39; Romanos 10:14-17; 1 Corintios 11:23-29; Colosenses 3:16-17.

12. Preguntas de comprensión y reflexión

1. ¿Por qué es importante entender el evangelio como una noticia antes que como un conjunto de consejos?

2. ¿Qué elementos incluye Pablo en su resumen del evangelio en 1 Corintios 15:1-8?

3. ¿Qué revela la cruz acerca de la gravedad del pecado y del amor de Dios?

4. ¿Por qué la resurrección es indispensable para la fe cristiana?

5. ¿Cuál es la diferencia entre confiar en Cristo y confiar en nuestras buenas obras?

6. ¿Qué significan el arrepentimiento y la fe en términos concretos?

7. ¿Cuál de las falsas reducciones del evangelio te parece más común en tu entorno?

8. ¿Qué primer paso práctico necesitas dar para crecer en la comprensión y obediencia del evangelio?

13. Conclusión reflexiva

El evangelio es la noticia más seria y más esperanzadora que una persona puede escuchar. Es seria porque declara que el pecado es real, que no podemos justificarnos delante de Dios y que la cruz fue necesaria. Es esperanzadora porque anuncia que Dios no dejó al ser humano abandonado a su culpa y muerte. En Jesucristo, Dios se acercó, cargó con el pecado, venció la muerte y abrió un camino de reconciliación.

El centro del cristianismo no es la capacidad del ser humano para subir hasta Dios, sino la gracia de Dios que descendió hasta nosotros. El evangelio humilla nuestro orgullo, porque no podemos salvarnos; pero también levanta al quebrantado, porque Cristo es suficiente. Nadie es demasiado justo para no necesitarlo, ni demasiado perdido para quedar fuera del alcance de la gracia cuando viene a Cristo con arrepentimiento y fe.

Para quien comienza en la fe, la invitación es sencilla y profunda: no apartes los ojos de Jesús. Conoce su persona, descansa en su obra, recibe su perdón y aprende a vivir bajo su señorío. La vida cristiana no consiste en dejar atrás el evangelio para avanzar hacia algo “más profundo”; consiste en comprender cada vez más sus riquezas y permitir que la buena noticia transforme la mente, los afectos, las relaciones y la esperanza.

Para meditar ¿Estoy confiando en lo que Cristo hizo, o sigo intentando presentarme delante de Dios apoyado en mis propios méritos? El evangelio invita a dejar la autosuficiencia y descansar en la gracia del Rey crucificado y resucitado.

¿Qué es el evangelio?

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