Un estudio bíblico evangelístico para aprender a acercarnos
a Dios con confianza, reverencia y sinceridad
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Lecturas principales: Mateo 6:5-13 y Lucas 11:1-13
| “Señor, enséñanos a orar” (Lucas 11:1). |
Material de formación cristiana
Propósito de este estudio
Orar puede parecer difícil cuando una persona comienza en la fe. Quizá se pregunta qué palabras debe usar, cuánto tiempo debe hablar, si necesita cerrar los ojos, si Dios escucha una oración torpe o qué significa pedir “en el nombre de Jesús”. Los discípulos también reconocieron que necesitaban aprender. Después de observar la vida de oración de Jesús, uno de ellos le pidió: “Señor, enséñanos a orar” (Lucas 11:1).
Este estudio busca responder esa petición desde las Escrituras. No presenta la oración como una técnica para controlar a Dios, sino como una relación de comunión con el Padre, abierta por la obra de Jesucristo y sostenida por el Espíritu Santo. Explicaremos el contexto histórico, el modelo conocido como el Padre Nuestro, las distintas clases de oración, las condiciones bíblicas, los obstáculos frecuentes y una manera sencilla de comenzar.
| IDEA CENTRAL Orar es acercarnos al Dios verdadero, por medio de Jesucristo, para adorarlo, confesar nuestros pecados, agradecer su gracia, presentar nuestras necesidades e interceder por otros, sometiéndonos confiadamente a su voluntad. |
Cómo aprovechar este material
Lea primero Mateo 6:5-13 y Lucas 11:1-13 completos. Después consulte en su Biblia cada referencia citada. No intente memorizar todo de una vez. La oración se aprende escuchando la Palabra, practicando con sinceridad y perseverando aun cuando las palabras sean sencillas.
Referencias bíblicas: Salmo 62:8; Mateo 6:5-13; Lucas 11:1-13; Hebreos 4:14-16.
1. ¿Qué es la oración?
Comunión real con Dios
En la Biblia, la oración es una respuesta personal al Dios que se ha revelado. El creyente no habla al vacío ni trata de despertar a una divinidad distante. Habla al Creador que escucha, conoce el corazón y ha invitado a su pueblo a buscarlo. La oración incluye palabras, pero es más que recitar frases: expresa adoración, dependencia, arrepentimiento, gratitud, dolor, esperanza y obediencia.
Los Salmos muestran una amplitud extraordinaria. Allí se alaba a Dios por su grandeza, se confiesa el pecado, se clama en peligro, se pregunta con dolor y se agradece la respuesta recibida. Esto enseña que la oración bíblica no exige fingir emociones. Dios permite que su pueblo se acerque con reverencia y, al mismo tiempo, con honestidad.
Relación, no mecanismo
La oración no es una fuerza impersonal ni una ley espiritual que obligue a Dios a conceder deseos. Tampoco es una negociación mediante la cual acumulamos méritos. Jesús enseña que el Padre conoce nuestras necesidades antes de que las pidamos (Mateo 6:8), pero aun así nos invita a pedir. Oramos porque dependemos de él, porque él ha ordenado ese medio de comunión y porque desea formar nuestro corazón mientras presentamos nuestras peticiones.
| UNA ACLARACIÓN IMPORTANTE La oración no informa a un Dios ignorante ni vence la resistencia de un Dios indiferente. Nos sitúa conscientemente delante de nuestro Padre, nos hace depender de su gracia y participa en los medios que él ha establecido para cumplir sus propósitos. |
Referencias bíblicas: 1 Samuel 1:9-18; Salmos 13; 51; 103; Mateo 6:8; Filipenses 4:6-7; 1 Pedro 5:7.
2. Contexto histórico y cultural de la enseñanza de Jesús
La oración en Israel
La oración estaba profundamente arraigada en la vida de Israel. El templo de Jerusalén era llamado casa de oración, y los sacrificios estaban acompañados de alabanza, confesión e intercesión. También existían oraciones personales en hogares, caminos, campos y momentos de crisis. Daniel, durante el exilio babilónico del siglo VI a.C., oraba regularmente orientado hacia Jerusalén (Daniel 6:10), siguiendo el deseo expresado en la oración de dedicación del templo por Salomón (1 Reyes 8:28-50).
En el período del Segundo Templo, aproximadamente desde la reconstrucción del templo en 516 a.C. hasta su destrucción por Roma en 70 d.C., la vida judía incluía horarios de oración, bendiciones y recitación de pasajes bíblicos. Hechos 3:1 menciona a Pedro y Juan subiendo al templo a la hora novena, alrededor de las tres de la tarde. Las fuentes posteriores ayudan a describir algunas costumbres, pero deben usarse con prudencia porque no todas reflejan exactamente cada práctica del tiempo de Jesús.
Posturas y lugares habituales
La Biblia menciona diversas posturas: de pie, arrodillado, postrado, con las manos levantadas y, en ocasiones, con los ojos elevados al cielo. Ninguna postura aparece como requisito universal. La posición corporal puede expresar reverencia, dolor o confianza, pero Dios mira el corazón. Asimismo, la oración podía hacerse en el templo, en una habitación privada, en el desierto, junto a un río o en una casa reunida con otros creyentes.
El ambiente de Mateo 6
Mateo sitúa la enseñanza sobre la oración dentro del Sermón del Monte, probablemente durante el ministerio de Jesús en Galilea, hacia los años 27-30 d.C. Jesús confronta una religiosidad practicada para recibir reconocimiento humano. Cuando menciona a los “hipócritas” que oran para ser vistos, no condena toda oración pública; él mismo oró delante de otros y la iglesia primitiva hizo lo mismo. Condena convertir la devoción en espectáculo y buscar la admiración que corresponde a Dios.
Referencias bíblicas: 1 Reyes 8:22-53; 2 Crónicas 6:18-42; Daniel 6:10; Mateo 5:1-7:29; 6:5-8; Marcos 11:15-17; Hechos 1:14; 3:1; 4:23-31.
3. Antes de hablar: ¿a quién y por medio de quién oramos?
Al Padre
Jesús enseña a sus discípulos a decir: “Padre nuestro que estás en los cielos” (Mateo 6:9). El Antiguo Testamento ya presenta a Dios como Padre de Israel y de su pueblo, pero Jesús coloca esta relación en el centro de la vida del discípulo. “Padre” comunica cercanía, cuidado y autoridad; “que estás en los cielos” preserva la reverencia ante su majestad. La oración cristiana une intimidad y asombro.
Por medio del Hijo
El pecado separa al ser humano de Dios y no podemos acercarnos confiando en nuestra propia justicia. Jesucristo, por su muerte y resurrección, abrió el camino. Hebreos 4:14-16 invita a acercarnos con confianza al trono de la gracia porque tenemos un gran sumo sacerdote. Por eso, la oración cristiana descansa en los méritos de Cristo, no en la elocuencia ni en el historial moral del que ora.
Con la ayuda del Espíritu Santo
El Espíritu Santo da al creyente conciencia de adopción y lo mueve a clamar “Abba, Padre” (Romanos 8:15; Gálatas 4:6). También ayuda en nuestra debilidad cuando no sabemos cómo pedir y obra de acuerdo con la voluntad de Dios (Romanos 8:26-27). Este texto no significa que toda confusión desaparece, sino que nuestra fragilidad no impide que Dios sostenga nuestra comunión con él.
| LA FORMA TRINITARIA DE LA ORACIÓN El patrón más común del Nuevo Testamento es orar al Padre, por medio del Hijo y con la ayuda del Espíritu Santo. La Escritura también registra invocaciones dirigidas a Jesús; por tanto, no debe construirse una prohibición donde la Biblia no la establece. |
Referencias bíblicas: Isaías 63:16; Mateo 6:9; Juan 14:6, 13-14; 16:23-27; Hechos 7:59-60; Romanos 8:14-27; Gálatas 4:4-7; Hebreos 4:14-16; 10:19-22.
4. Lo que Jesús enseña que debemos evitar
Orar para ser admirados
Jesús advierte contra la oración usada para construir una reputación espiritual. El problema no está en que otros escuchen, sino en que la audiencia humana se vuelva el verdadero objetivo. La oración secreta disciplina el corazón para buscar a Dios cuando nadie aplaude. El “aposento” de Mateo 6:6 se refiere a un lugar interior o apartado de la casa; el principio es cultivar una comunión que no dependa de ser observada.
La palabrería vacía
Mateo 6:7 condena el amontonar palabras como si la cantidad o la repetición mecánica obligaran a Dios a responder. Jesús no prohíbe repetir una petición sincera: en Getsemaní oró varias veces expresando la misma carga (Mateo 26:36-44), y enseñó a perseverar (Lucas 18:1-8). El contraste está entre perseverancia confiada y repetición supersticiosa.
La autosuficiencia religiosa
En la parábola del fariseo y el publicano, uno habla principalmente de sus méritos, mientras el otro clama por misericordia. Jesús declara justificado al que se humilla (Lucas 18:9-14). La oración verdadera no es un informe destinado a demostrar que somos mejores que otros. Es la confesión de una criatura necesitada que depende de la gracia.
Usar la oración como exhibición o manipulación
No hay base bíblica para pensar que un tono especial, una fórmula secreta o una intensidad emocional determinada garantizan la respuesta. La fe bíblica no consiste en convencernos de que recibiremos exactamente lo pedido, sino en confiar en el carácter de Dios y obedecer su Palabra. Podemos pedir con audacia, pero nunca colocar al Señor bajo nuestra autoridad.
Referencias bíblicas: Mateo 6:5-8; 26:36-44; Lucas 11:5-13; 18:1-14; Santiago 4:2-3.
5. El Padre Nuestro: un modelo para aprender a orar
Mateo 6:9 introduce la oración con la expresión “oraréis así”. Esto permite verla como una oración legítima para recitar con comprensión y como un patrón que organiza nuestras propias palabras. Lucas 11:2-4 conserva una forma más breve. Las diferencias no destruyen su unidad; muestran que Jesús enseñó el contenido y la orientación de la oración, no una fórmula mágica.
“Padre nuestro que estás en los cielos”
Comenzamos recordando quién es Dios y quiénes somos por gracia. Decir “nuestro” también combate una espiritualidad aislada: aun cuando oramos solos, pertenecemos a una familia. Nos acercamos con confianza filial, pero no con ligereza irreverente.
“Santificado sea tu nombre”
El nombre de Dios representa su identidad y reputación. Pedir que sea santificado significa desear que sea reconocido como santo en nosotros, en la iglesia y en el mundo. Antes de presentar nuestras necesidades, la oración orienta el corazón hacia la gloria de Dios.
“Venga tu reino; hágase tu voluntad”
El reino de Dios es su gobierno salvador manifestado en Jesucristo y esperado en plenitud. Pedir que venga implica desear la extensión del evangelio, la obediencia de su pueblo, la justicia y el regreso del Rey. “Hágase tu voluntad” no es resignación fría; es confianza activa en la sabiduría del Padre, como Jesús mostró en Getsemaní.
“El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”
El pan representa las necesidades ordinarias de la vida. Jesús nos enseña a depender de Dios día tras día, sin despreciar lo material ni convertirlo en el centro. Pedir pan también despierta responsabilidad por quienes carecen de él; el pronombre “nuestro” nos impide orar con indiferencia ante la necesidad del prójimo.
“Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos”
Mateo usa la imagen de deudas; Lucas habla de pecados. El creyente sigue confesando y buscando la restauración de la comunión con Dios. Perdonar a otros no compra el perdón divino. Más bien, la misericordia recibida produce una disposición misericordiosa. Una negativa persistente y endurecida a perdonar contradice seriamente la confesión de haber sido perdonados.
“No nos metas en tentación, mas líbranos del mal”
Santiago 1:13 afirma que Dios no tienta a nadie al mal. Esta petición reconoce nuestra debilidad y pide no ser abandonados al poder de la prueba, sino guardados del pecado y del maligno. Algunas traducciones entienden el término final como “el mal” y otras como “el maligno”; ambas posibilidades tienen apoyo lingüístico. El sentido central es pedir la protección de Dios frente a aquello que busca apartarnos de él.
| ORDEN ESPIRITUAL DEL MODELO La oración comienza con Dios —su nombre, reino y voluntad— y después presenta nuestras necesidades —provisión, perdón y protección—. Así, Jesús no elimina nuestras preocupaciones; las coloca dentro de una vida centrada en el Padre. |
Referencias bíblicas: Mateo 6:9-15, 25-34; Lucas 11:2-4; 22:39-46; Santiago 1:13-18; Apocalipsis 11:15.
6. ¿Qué significa orar “en el nombre de Jesús”?
No es una contraseña al final de la oración
Jesús prometió responder peticiones hechas en su nombre (Juan 14:13-14; 16:23-24). Esta expresión no convierte las palabras “en el nombre de Jesús” en una fórmula que garantiza cualquier deseo. En la cultura bíblica, actuar en el nombre de alguien implicaba hacerlo bajo su autoridad, conforme a su carácter y representando sus intereses.
Orar en el nombre de Jesús significa acercarnos por sus méritos y pedir como discípulos que desean su gloria. Es correcto terminar una oración mencionando su nombre, pero la realidad espiritual es más profunda que la frase final. Una petición puede pronunciar esas palabras y, sin embargo, oponerse a su enseñanza; otra puede no expresarlas literalmente y estar completamente sometida a él.
Pedir conforme a su voluntad
Primera de Juan 5:14-15 afirma que Dios oye cuando pedimos conforme a su voluntad. La voluntad de Dios se conoce de manera segura en lo que ha revelado en las Escrituras. En asuntos que la Biblia no promete específicamente —por ejemplo, un empleo determinado, una curación inmediata o cierto resultado económico— podemos pedir con libertad y esperanza, pero debemos añadir la disposición de aceptar la sabiduría del Padre.
Referencias bíblicas: Juan 14:13-14; 15:7-8, 16; 16:23-27; 2 Corintios 12:7-10; 1 Juan 5:14-15.
7. ¿Qué cosas puedo llevar a Dios en oración?
Adoración y alabanza
Adorar es reconocer quién es Dios: santo, bueno, sabio, justo, misericordioso y poderoso. La alabanza no depende únicamente de que las circunstancias sean agradables. Los Salmos enseñan a contemplar el carácter y las obras de Dios, y esa visión corrige el tamaño desproporcionado que a veces adquieren nuestros temores.
Confesión y arrepentimiento
Confesar es estar de acuerdo con Dios acerca del pecado, sin excusas ni minimización. El creyente no confiesa para comprar de nuevo la salvación, sino porque vive en una relación de verdad y desea restauración. Primera de Juan 1:9 une la confesión con la fidelidad y justicia de Dios para perdonar y limpiar.
Acción de gracias
Dar gracias recuerda que todo bien procede de Dios y protege el corazón de la queja constante. Pablo une la oración con agradecimiento aun en medio de la ansiedad (Filipenses 4:6). La gratitud bíblica no niega el dolor; reconoce la gracia presente mientras se espera la respuesta.
Petición personal
Dios invita a presentar necesidades espirituales, emocionales y materiales: sabiduría, provisión, fortaleza, dirección, sanidad, dominio propio y ayuda frente a la tentación. No existe un tamaño mínimo de problema para acudir a él. Al mismo tiempo, la oración madura aprende a distinguir entre deseos legítimos y peticiones dominadas por el egoísmo.
Intercesión por otros
Interceder es llevar delante de Dios las necesidades de otras personas. La Biblia manda orar por familiares, creyentes, enfermos, autoridades, obreros del evangelio, enemigos y quienes aún no conocen a Cristo. La intercesión ensancha el corazón y nos libra de una vida de oración encerrada en nosotros mismos.
Lamento y clamor
La Biblia da palabras para el sufrimiento. El lamento pregunta, llora, recuerda las promesas y pide intervención. No es incredulidad automática; con frecuencia es fe herida que se niega a alejarse de Dios. Jesús mismo citó el Salmo 22 en la cruz. El creyente puede decir “¿hasta cuándo?” sin abandonar la esperanza.
Referencias bíblicas: Salmos 13; 22; 32; 51; 103; Mateo 5:44; 9:37-38; 1 Timoteo 2:1-4; Filipenses 4:6-7; Santiago 1:5; 5:13-18; 1 Juan 1:5-10.
8. ¿Cuándo, dónde y de qué manera debo orar?
Con regularidad y también espontáneamente
Jesús acostumbraba retirarse para orar, y Daniel mantenía horarios regulares. Estos ejemplos apoyan la disciplina de apartar momentos concretos. A la vez, “orad sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:17) no significa hablar sin interrupción durante todo el día, sino vivir en una disposición continua de dependencia, volviendo a Dios en cada circunstancia.
En secreto y con la iglesia
La oración privada protege la sinceridad; la oración comunitaria expresa unidad y permite cargar juntos las necesidades. Hechos presenta a la iglesia orando al elegir líderes, enfrentar persecución, enviar misioneros y buscar liberación. Una forma no reemplaza a la otra.
Con palabras propias y con palabras bíblicas
Puede orar con su propio lenguaje, incluso con frases breves. También puede convertir un salmo o una promesa bíblica en oración. Por ejemplo, al leer Salmo 23, puede agradecer el cuidado del Pastor, confesar sus temores y pedir dirección. Orar la Escritura ayuda a que nuestras peticiones sean formadas por la verdad y no solamente por el impulso del momento.
Con reverencia, fe y perseverancia
La reverencia reconoce que hablamos con el Dios santo. La fe confía en su carácter y promesas. La perseverancia continúa buscando sin interpretar cada demora como abandono. Sin embargo, perseverar no significa exigir indefinidamente un resultado específico; también incluye permitir que Dios cambie nuestra petición y nos enseñe a decir: “No se haga mi voluntad, sino la tuya”.
Referencias bíblicas: Daniel 6:10; Marcos 1:35; Lucas 5:16; 18:1-8; 22:39-46; Hechos 2:42; 4:23-31; 12:5-17; 13:1-3; 1 Tesalonicenses 5:16-18.
9. ¿Por qué algunas oraciones parecen no recibir respuesta?
Dios escucha, pero no está obligado a conceder todo lo pedido
La Escritura promete que Dios oye a sus hijos, pero también enseña que responde con sabiduría paternal. Una respuesta distinta de nuestro deseo no prueba que la oración careció de valor. Pablo pidió tres veces que se quitara su “aguijón”, y recibió gracia suficiente en lugar de la eliminación solicitada (2 Corintios 12:7-10). Jesús pidió que, si era posible, pasara la copa, pero se sometió al propósito redentor del Padre (Mateo 26:39-44).
Promesas que deben leerse en su contexto
Textos como Marcos 11:24, Juan 15:7 y Mateo 18:19-20 no enseñan que la fe crea cualquier realidad deseada. En sus contextos aparecen el perdón, la permanencia en Cristo, su palabra, la misión de la comunidad y la autoridad de Jesús. Las promesas de oración son grandes, pero nunca autorizan a separar la petición del carácter y la voluntad de Dios.
Demora no siempre significa negación
La Biblia muestra períodos de espera: Ana oró en profunda aflicción; Israel clamó durante la opresión; la iglesia perseveró por Pedro. No existe una fórmula bíblica universal para interpretar cada demora. Algunas respuestas llegan pronto, otras después de mucho tiempo y otras no llegan en la forma esperada durante esta vida. El creyente puede lamentarse y, a la vez, aferrarse al carácter de Dios.
| CUIDADO PASTORAL La frase popular “Dios siempre responde sí, no o espera” puede ser útil como resumen, pero no aparece como una fórmula textual en la Biblia. Es mejor afirmar lo que las Escrituras sí enseñan: Dios oye, es sabio, actúa conforme a su voluntad y permanece digno de confianza aun cuando no comprendemos su respuesta. |
Referencias bíblicas: 1 Samuel 1:1-20; Salmo 13; Mateo 18:15-20; 26:36-46; Marcos 11:20-25; Juan 15:7-11; 2 Corintios 12:7-10; 1 Juan 5:14-15.
10. Obstáculos bíblicos que debemos tomar en serio
Pecado acariciado y falta de arrepentimiento
Salmo 66:18 advierte sobre mirar favorablemente la maldad en el corazón. Esto no significa que solo las personas perfectas pueden orar; si así fuera, nadie podría acercarse. Significa que no debemos pedir la ayuda de Dios mientras defendemos deliberadamente aquello que él condena. La respuesta apropiada es confesar y volvernos a él.
Motivos egoístas
Santiago 4:3 señala peticiones orientadas a satisfacer pasiones desordenadas. Es posible pedir algo legítimo por una razón incorrecta. La oración nos invita a preguntar no solo “¿qué deseo?”, sino también “¿para qué lo deseo?” y “¿cómo glorificaría esto a Dios y serviría al prójimo?”.
Falta de perdón y relaciones quebradas
Jesús relaciona la oración con el perdón y la reconciliación. Primera de Pedro 3:7 advierte que la manera en que un esposo trata a su esposa puede estorbar sus oraciones. La vida espiritual no puede separarse del trato que damos a otros. Esto no significa que toda oración no respondida se deba a una relación específica, pero sí que debemos examinarnos con honestidad.
Doble ánimo y ausencia de confianza
Santiago 1:5-8 llama a pedir sabiduría con fe. La duda mencionada no debe aplicarse cruelmente a toda lucha emocional; el mismo Evangelio registra la oración: “Creo; ayuda mi incredulidad” (Marcos 9:24). Santiago confronta una lealtad dividida que quiere recibir de Dios sin entregarse a él. La fe puede ser débil y aun así acudir sinceramente a Cristo.
Referencias bíblicas: Salmo 66:18-20; Proverbios 15:8, 29; Mateo 5:23-24; 6:14-15; Marcos 9:14-29; 11:25; Santiago 1:5-8; 4:1-10; 1 Pedro 3:7; 1 Juan 3:19-24.
11. Modelos bíblicos que nos enseñan a orar
Ana: sinceridad en la aflicción
Ana derramó su alma delante del Señor, sin esconder su amargura. Su historia enseña que una oración silenciosa o entrecortada puede ser profundamente real. También muestra que debemos evitar juzgar apresuradamente la expresión de dolor de otra persona (1 Samuel 1:9-18).
David y los salmistas: toda la vida delante de Dios
Los Salmos reúnen alabanza, culpa, miedo, justicia, enfermedad, persecución y esperanza. Enseñan a llevar a Dios emociones que podrían aislarnos. También corrigen esas emociones mediante el recuerdo de su carácter y sus obras.
Salomón: oración centrada en el pacto y la misión
En la dedicación del templo, Salomón reconoce que los cielos no pueden contener a Dios y pide que escuche al pueblo arrepentido. Su oración mira hacia el perdón, la justicia y el testimonio de Dios entre las naciones (1 Reyes 8:22-53).
Jesús: dependencia perfecta del Padre
Jesús oró en momentos decisivos: su bautismo, la elección de los Doce, la transfiguración, antes de la cruz y desde la cruz. Juan 17 permite escuchar su intercesión por sus discípulos y por quienes creerían mediante su palabra. Si el Hijo encarnado cultivó una vida de oración, sus discípulos no deben considerar la oración como un adorno opcional.
La iglesia primitiva: oración unida a misión y obediencia
En Hechos, la comunidad ora y después actúa. Pide valentía frente a la persecución, aparta obreros, cuida a los encarcelados y busca dirección. La oración no reemplaza la obediencia; la sostiene y la orienta.
Referencias bíblicas: 1 Samuel 1:9-18; 1 Reyes 8:22-53; Salmos 3; 27; 42-43; 63; Lucas 3:21; 6:12-16; 9:28-36; 22:39-46; Juan 17; Hechos 1:14; 4:23-31; 12:5-17; 13:1-3.
12. Fechas importantes en orden cronológico
Las fechas del mundo antiguo son aproximadas y algunas dependen de reconstrucciones históricas discutidas. La tabla busca mostrar el desarrollo bíblico de la oración, no establecer una cronología infalible.
| Fecha aproximada | Acontecimiento o texto | Importancia para la oración |
| Segundo milenio a.C. (fecha debatida) | Época asociada a Moisés; oración e intercesión en Éxodo | Moisés intercede por Israel y apela al carácter y las promesas de Dios (Éxodo 32-34). |
| c. siglo XI a.C. | Oración de Ana | Ejemplo de clamor sincero y entrega de la aflicción al Señor (1 Samuel 1-2). |
| c. 1000 a.C. | David y los salmos | La oración abarca alabanza, confesión, lamento, confianza y petición. |
| c. 960 a.C. | Dedicación del templo de Salomón | La oración se relaciona con el pacto, el arrepentimiento, el perdón y las naciones (1 Reyes 8). |
| 586 a.C. | Destrucción de Jerusalén y exilio | El dolor nacional da lugar a lamentos, confesiones e intercesiones como Daniel 9. |
| 516 a.C.-70 d.C. | Período del Segundo Templo | Se desarrollan ritmos comunitarios de oración alrededor del templo y la vida judía. |
| c. 27-30 d.C. | Ministerio de Jesús | Jesús enseña el Padre Nuestro, modela la oración y revela el acceso filial a Dios. |
| c. 30 o 33 d.C. | Muerte y resurrección de Jesús | Por la obra de Cristo se abre el acceso confiado al Padre (Hebreos 10:19-22). |
| Década de 30 d.C. | Nacimiento y expansión de la iglesia | Los creyentes perseveran en oración y la unen a comunión, misión y sufrimiento (Hechos). |
| c. 50-65 d.C. | Cartas paulinas principales | Se enseña a orar con gratitud, perseverancia, intercesión y ayuda del Espíritu. |
13. Una guía sencilla para comenzar hoy
Un esquema flexible: adorar, confesar, agradecer y pedir
Muchos creyentes encuentran útil un esquema de cuatro movimientos. No es una regla inspirada ni debe convertirse en una carga; simplemente ayuda a no limitar la oración a una lista de necesidades. Puede usarlo durante cinco minutos o durante un tiempo más amplio:
- Adore: nombre una verdad acerca de Dios que haya visto en la Biblia y alábelo por ella.
- Confiese: reconozca con claridad un pecado, actitud o negligencia, y reciba el perdón prometido en Cristo.
- Agradezca: recuerde evidencias concretas de la gracia de Dios, incluso en medio de una dificultad.
- Pida e interceda: presente sus necesidades y las de otras personas, sometiéndolas a la voluntad de Dios.
Una práctica de siete días
- Día 1: Ore lentamente el Padre Nuestro, explicando cada petición con sus propias palabras (Mateo 6:9-13).
- Día 2: Use Salmo 23 para agradecer el cuidado de Dios y pedir dirección.
- Día 3: Lea Salmo 51 y practique una confesión sincera, descansando en la misericordia divina.
- Día 4: Haga una lista breve de personas y ore por ellas según 1 Timoteo 2:1-4.
- Día 5: Presente una preocupación siguiendo Filipenses 4:6-7, acompañándola con gratitud.
- Día 6: Ore por crecimiento espiritual usando Efesios 3:14-21.
- Día 7: Pase unos minutos en silencio reverente después de leer Salmo 103; responda con alabanza.
Cuando no sepa qué decir
Puede comenzar con una frase tan sencilla como: “Padre, aquí estoy; necesito tu ayuda”. Lea un salmo en voz alta y convierta cada línea en respuesta. También puede permanecer en silencio consciente delante de Dios. La oración no se mide por vocabulario sofisticado. El publicano dijo pocas palabras y fue oído; el Espíritu ayuda en nuestra debilidad.
| ORACIÓN ORIENTATIVA Padre santo y misericordioso, gracias porque por Jesucristo puedo acercarme a ti. Santifica tu nombre en mi vida y gobierna mis decisiones. Perdona mis pecados y enséñame a perdonar. Dame hoy lo necesario, guarda mi corazón de la tentación y ayúdame a amar a otros. No quiero imponer mi voluntad, sino aprender la tuya. Sostén mi fe por tu Espíritu. En el nombre de Jesús. Amén. |
Referencias bíblicas: Salmo 23; 51; 103; Mateo 6:9-13; Lucas 18:13-14; Romanos 8:26-27; Efesios 3:14-21; Filipenses 4:6-7; 1 Timoteo 2:1-4.
Conclusión reflexiva
Aprender a orar no consiste en alcanzar una actuación religiosa impecable. Consiste en conocer mejor al Dios que nos llama a su presencia. El principiante puede sentirse inseguro, pero la confianza de la oración no descansa en la belleza de las frases. Descansa en Jesucristo, nuestro mediador, y en la gracia del Padre que recibe a quienes vienen por medio de él.
Jesús nos enseña a comenzar con el nombre, el reino y la voluntad de Dios. Después nos permite presentar el pan de cada día, el pecado que necesita perdón y la batalla que requiere protección. Nada verdaderamente humano queda fuera, pero todo es colocado bajo el cuidado y el gobierno del Padre. La oración no nos hace dueños de Dios; nos forma como hijos que confían en él.
Habrá días de gozo y palabras abundantes. También habrá días de cansancio, silencio o preguntas. En ambos casos, el llamado permanece: acerquémonos al trono de la gracia. El Padre conoce nuestra necesidad, el Hijo abrió el camino y el Espíritu ayuda nuestra debilidad. Por eso podemos orar con reverencia, honestidad y esperanza.
| PARA GUARDAR EN EL CORAZÓN No espere saber orar perfectamente para comenzar. Acérquese a Dios como está, apoyándose en Cristo, y permita que la Palabra vaya enseñando a su corazón qué amar, qué confesar y qué pedir. |


